La desinformación es la única que está ganando en Libia. Mientras el régimen de Muamar Gadafi insiste en que no ha perdido el control de ninguna ciudad, la dirección rebelde asegura que tiene el dominio de varias urbes del este del país y que está a punto de tomarse Sirte, cuna de Gadafi y punto clave para tomar el control de Trípoli. Al Libya, una cadena de televisión muy cercana a Seif al Islam, uno de los hijos de Gadafi, desplegó una serie de anuncios: “El ejército marcha hacia Bengasi; Tobruk, Misrata y Ras Lanuf fueron recuperadas de las manos de las bandas terroristas”. Los rebeldes, por su parte, informaron a través de Al Jazeera que mantenían el dominio en Bengasi, Ajdabiya y Ras Lanuf.
En medio del cruce de información, la televisión oficial mostró imágenes de miles de personas celebrando el parte de victoria del régimen. Hombres, mujeres y niños se reunieron en la Plaza Verde de Trípoli para cantar, al ritmo de los tiros de metralleta, su amor por el líder libio. En la plaza se distribuyeron gorras con la imagen de Gadafi. La policía y el ejército se unieron al regocijo disparando sus armas hacia el cielo de la capital.
Procesiones de miles de automóviles desfilaban sobre las grandes avenidas, tocando el claxon y gritando “¡Alá, Muamar, Libia y ya está!”. “Los hemos echado, nosotros ganamos”, aseguró Mohamed, manejando su auto. Pero cuando se le preguntó sobre las batallas ganadas por el ejército de Gadafi respondió: “No sé en dónde ganamos, pero ganamos”.
Todo el mundo en la Plaza Verde afirmó haber llegado de manera espontánea para celebrar “el gran día”. “En Libia, todo el mundo tiene una Kalashnikov, y cuando estamos contentos, disparamos”, dijo Imed a un periodista de la AFP con su arma en las manos, antes de disparar otra salva y lanzar una carcajada.
Ataques aéreos
Las últimas informaciones procedentes del importante enclave petrolero de Ras Lanuf aseguran que la fuerza área leal a Gadafi lanzó un contraataque y barrió a la resistencia, aunque algunos milicianos aún combaten. Si esto se confirma, sería una pérdida muy importante para los rebeldes, pues esta ciudad cuenta con dos aeropuertos y está a 640 kilómetros de Trípoli y a 200 de Sirte, cuya anunciada toma por los rebeldes se ha visto truncada por el contraataque de Gadafi. Según periodistas en la zona, los milicianos tienen elevada moral para el combate, pero poco adiestramiento e indefensión frente a la superioridad aérea enemiga. La única ventaja de la que disfrutan los rebeldes es que cada vez son más voluntarios los que se unen a la causa.
Explican analistas que las unidades élite, que están formadas por miembros de las tribus más leales a Gadafi y bien pagados mercenarios, recibieron buen equipamiento y mejor formación que los soldados rasos, que son los que conforman las filas de la oposición. Un cable de la diplomacia de Estados Unidos, filtrado por Wikileaks, consideraba antes de la revuelta que la Brigada 32 y otras unidades de élite leales el régimen contaban con cerca de 10.000 militares.
Fortalecido por las noticias que emite por sus cadenas aliadas, el líder libio retó a la ONU a investigar la situación sobre el terreno. Poco después la Unión Europea anunció el envío de una misión de observación a Trípoli. Por su parte, el jefe de la diplomacia británica, William Hague, instó a Gadafi a “entregar el poder sin dilación” y luego reconoció que una misión británica había viajado a Libia para contactar a la dirección rebelde. Sin embargo, fue rechazada y enviada de vuelta al Reino Unido. “Todo debe ser oficial”, aseguró el Consejo Nacional rebelde.







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