Japón, en vilo por explosión en complejo nuclear de Fukushima


El Gobierno advirtió que el nivel de radiación es peligroso y pidió a residentes que se encierren.

La nueva explosión que pudo provocar una fuga radiactiva volvió a poner en entredicho la capacidad de Japón para tener bajo control la crisis en sus instalaciones atómicas tras el terremoto y posterior tsunami que devastó el país el pasado viernes.

La empresa operadora de la central nuclear de Fukushima (noreste) reconoció hoy (lunes en Colombia) que teme una fuga radiactiva por una posible fusión del núcleo del reactor número 2, que sufrió una explosión. Lo que no fue confirmado por el Gobierno.

Tokyo Electric Power (Tepco) admitió que puede haberse emitido radiación después de quedar dañada la estructura que envuelve al reactor número 2 mientras los niveles de radiactividad en la zona marcaron los 8.217 microsievert por hora, frente a los 500 permitidos.

El sábado ya hubo una explosión en el reactor 1 de la planta de Fukushima; el lunes (domingo en Colombia), se produjo otra en el reactor 3 que dañaron el techo y parte del recubrimiento, pero sin tocar el núcleo. Pero la del reactor 3 es, al parecer, la más grave.

A lo anterior se sumó, anoche en Colombia, un incendio en el reactor número 4 de la planta de Fukushima, por lo que el primer ministro japonés, Naoto Kan, pidió a las personas que están en un radio de 30 km a la redonda de la central nuclear, que se encierren y se protejan. Además, el portavoz del Gobierno declaró que el nivel de radiactividad medido en el sitio de Fukushima "es peligroso para la salud".

La situación es tan dramática que ayer el Gobierno pidió formalmente ayuda a Estados Unidos para refrigerar los reactores nucleares dañados. Ya lo había hecho con la Agencia Internacional para la Energía Atómica (Aiea), que considera, sin embargo, que la crisis está muy lejos de llegar a los niveles de la tragedia de Chernobyl. Washington es de la misma opinión, aunque la autoridad nuclear francesa opina otra cosa.

200 mil evacuados

La estructura de metal que rodea el núcleo de los reactores 1 y 3 no ha cedido, por ahora, al sobrecalentamiento; y su robustez, dicen los expertos, es la clave para evitar una catástrofe total. El objetivo de los equipos que trabajan en Fukushima, operativa desde hace 40 años, es mantener intactos los recipientes primarios de contención de los reactores para evitar una fuga de radiactividad en la zona, de la que ya han sido evacuadas unas 200.000 personas.

Mientras tanto, un motivo para el optimismo: las otras dos centrales que presentaron fallos, Nagawa y Tokai, parecen haberse estabilizado.

En Japón es mayoritaria la idea de que la emergencia entra, entre hoy y mañana, en un punto de inflexión: o los reactores sufren la fusión de su núcleo, o tenderán a ir enfriándose, lo que acabaría con el peligro inminente.


En segundo plano

De otra parte, la tensión desatada por la inestabilidad de las centrales nucleares ha dejado en segundo plano, al menos para el mundo en general, la magnitud del drama humanitario que vive Japón

El pueblo japonés, considerado por muchos el más ordenado y disciplinado del mundo, libra una batalla tenaz por sobreponerse a una catástrofe que empieza a parecer un retorcido guión cinematográfico y que hora a hora no hace más que traer malas noticias.

A pesar de la situación, y de que ya hay serias señales de desabastecimiento general de víveres, agua potable, combustible y electricidad, no se ha registrado un solo saqueo.

La cifra oficial de muertos subió a 2.400, según la Policía, pero a ella no se han añadido aún los 2.000 cuerpos que se encontraron en las playas de Miyagi, y esperan no sumar los alrededor de 10 mil desaparecidos de Minamisanriky, ni los 8.000 en el poblado de Otsuchi, de los que aún no se conocen noticias, pero de los que se tiene la esperanza de que hayan alcanzado a huir hacia poblaciones más lejanas de las costas.

Tampoco se cuentan los 3.100 desaparecidos oficiales. En suma, un rosario de desgracias interconectadas.

"Es demasiado. Ya basta", se derrumbaba ayer Michiko Ikezawa, una voluntaria que repartía víveres entre los desplazados, que ya van en 550 mil.

En las costas del este, los equipos de rescate y 100 mil militares peinan la zona en busca de sobrevivientes, pero en realidad siguen encontrando muertos entre los escombros o flotando entre inmensos charcos.

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