Nueva presidencia de Haití está entre la ex primera dama y un cantante


En estas elecciones están en juego la Presidencia, la composición del Parlamento y el próximo gobierno y, ante todo, la reconstrucción del país golpeado por el sismo de 2010, que mató a más de 316.000 personas.

Mirlande Manigat o Michel Martelly. ¿Cuál de los dos candidatos se ganará la responsabilidad de guiar por la senda de la ansiada reconstrucción a un empobrecido Haití, cuyos problemas se agravaron durante el pasado año con un devastador terremoto y una epidemia de cólera?

Ambos representan conceptos distintos de la política en Haití. Manigat pertenece al sistema, aunque represente una alternativa al gobierno actual, mientras que Martelly llega desde fuera del tinglado político haitiano y su presencia es completamente novedosa para los golpeados electores.

Una ex primera dama

Mirlande Manigat, primera dama durante algo más de cuatro meses durante el gobierno de Leslie Manigat (1988), es considerada una buena conocedora de los resortes políticos haitianos. No en vano la política le dio alegrías y sinsabores, le permitió disfrutar de las mieles del poder, pero también le hizo sufrir la amargura del exilio.

Licenciada en Ciencias Sociales y en Historia y doctora en Ciencias Políticas, la líder de la Reunión de los Demócratas Nacionales Progresistas (RNDP) es también catalogada como una intelectual. Contribuye a ello con su imagen sobria en el vestir, con sus lentes y con su peinado siempre recogido.

Con 71 años recién cumplidos, si llega a la presidencia tiene entre sus prioridades frenar el avance de la epidemia de cólera, estabilizar los precios, dinamizar la agricultura y movilizar a la nación caribeña para afrontar los desafíos de la reconstrucción.

Mirlande Manigat, que otorga preferencia en sus mensajes a la justicia social y a la lucha contra la corrupción, salpica su discurso con unas gotas de patriotismo -"nacionalismo", según algunos analistas- cuando defiende la salida de Haití de las tropas de la misión de estabilización de la ONU, la Minustah, presente en territorio haitiano desde el 2004.

"Los haitianos no quieren a la Minustah porque ofende la dignidad de un país libre", ha llegado a decir esta septuagenaria de aspecto bonachón que, si gana, será la primera presidenta electa de Haití. Pero también ha reconocido que, por el momento, la misión, asentada en Haití desde el 2004, debe quedarse, pues la Policía Nacional no cuenta con suficiente personal.

El cantante

La necesidad de que las tropas de la ONU salgan de Haití es uno de los puntos en los que coinciden Manigat y su oponente en la lucha por la presidencia, Michel Martelly.

Veintiún años menor que la ex primera dama, Martelly es considerado un novato en la política, pero a él no le importa, pues se siente preparado para poner en marcha el cambio de sistema que, en su opinión, necesita el país.

Dice de sí mismo que es un candidato "honesto" y se define como "alguien que no pertenece al sistema" y en quien los haitianos ven "la materialización de sus sueños".

Conocido sobre el escenario como 'Sweet Micky', Martelly triunfó como cantante de kompa, un ritmo muy popular en Haití, donde hoy encabeza la formación política Repons Peyizan (Respuesta Campesina), con la que quiere alcanzar la jefatura del Estado.

A Martelly, que, aunque muy conocido como músico, ha tenido que escalar poco a poco posiciones en las preferencias del electorado, se le ha criticado por su estrafalaria vestimenta, por sus disfraces en algunas apariciones musicales y por sus bailes provocativos, que algunos detractores han llegado a calificar de "licenciosos".

De elevada estatura y cabeza rapada, el cantante, de 50 años, ha cambiado ahora los disfraces y la música por el traje, la corbata y los discursos para defender su candidatura.

Si es elegido presidente, dedicará su atención prioritaria a conseguir alojamiento para los desplazados por el terremoto, aunque también se propone combatir el cólera, además de mejorar el nivel educativo, la seguridad y el acceso a la salud, entre otros desafíos.

Refundar Haití

Así, cerca de cuatro millones de haitianos tienen esta extraña cita con las urnas, en medio de lo que ha dejado el desastre.

No solo están en juego la elección presidencial, la composición del Parlamento y el próximo gobierno, sino mucho más que eso: la reconstrucción de un Haití que ya era el país más pobre de América antes del gran terremoto del 2010, que mató a por lo menos 316.000 personas.

En torno al 70 por ciento de la población haitiana sobrevive, si de ese modo se puede llamar, con cerca de dos dólares al día, unas 5.000 personas han muerto por culpa de una epidemia de cólera en los últimos meses y alrededor de 850 mil afectados por la catástrofe viven en precarias tiendas de campaña, desde que el devastador sismo castigó con crudeza a la nación.

Son solo algunas cifras que ilustran la difícil situación del país antillano.

Un poco más de un año después de la gran catástrofe del terremoto, muchas calles siguen flanqueadas por cientos de edificios en ruinas y toneladas de escombros.

Las tiendas de campaña y las ruinas simbolizan dos de los grandes retos que tiene por delante la nación caribeña: la retirada de los restos de las casas que colapsaron y el suministro de viviendas dignas a miles de familias.

Son dos grandes prioridades en el proceso de reconstrucción.

Los haitianos quieren refundar Haití y cuentan con el compromiso de ayuda de la comunidad internacional, que espera el desenlace electoral para proseguir con la entrega de fondos prometidos.

La Comisión Interina para la Reconstrucción de Haití (CIRH), organismo que maneja una buena parte de los fondos de la reconstrucción, necesitará 1.000 millones de dólares para financiar los proyectos aprobados para los próximos meses.

Esta cifra da una idea de la importancia de los avances en la normalización institucional. Para que estos planes puedan progresar, el país debe contar con un presidente y con unas instituciones estables, advierten diplomáticos y observadores.

Las urnas recibirán la respuesta de Haití ante este gran reto. Por ahora solo se puede anticipar, por si un discreto guiño de humor cabe en esta historia, que las iniciales del próximo mandatario ya se conocen: serán 'M. M.'.

Los haitianos decidirán si esas iniciales corresponden a la ex primera dama Mirlande Manigat o al hombre de farándula Michel Martelly.

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