'Para Colombia no tenemos más que agradecimiento'


La canciller de México, Patricia Espinosa, resalta el valor de la relación de su país con Colombia.

En diálogo con EL TIEMPO, recalca la ayuda en la lucha antinarcóticos y deja atrás la polémica sobre la 'colombianización' de su país.

Las relaciones entre Colombia y México pasan por un momento excepcional, no sólo por la creciente cooperación en la lucha contra el narcotráfico y la consolidación de los lazos comerciales y de inversiones directas, sino en lo cultural, un elemento que ha acercado de manera importante a los dos pueblos.

De visita en Colombia para pasar revista a los temas de la agenda bilateral, la canciller de México, Patricia Espinosa, resalta los logros de la cooperación entre los dos países y deja atrás la polémica sobre la supuesta 'colombianización' de México.

Aunque la relación México-Colombia siempre ha sido buena, lo que se ve ahora quizás no tenga antecedentes recientes. ¿Cuál ha sido la clave?

Sin duda, es una decisión política de los mandatarios de los dos países, de reconocer que tenemos juntos posibilidades y potenciales en múltiples ámbitos. Ha habido un incremento sustancial de la actividad económica y de los intercambios en general en nuestras sociedades.

Ahora, los colombianos y los mexicanos nos identificamos mucho. Fíjese que después de México, el país donde hay más grupos de mariachi es Colombia. Así que las fuerzas que están impulsando esta integración vienen de múltiples lugares.

¿El Plan Mesoamérica de integración regional ya tiene logros concretos?

Ha habido un desarrollo importante. Nos encontramos con que había ya un proyecto que se llamaba Plan Puebla-Panamá con 100 proyectos, que era inmanejable, tanto porque no teníamos la capacidad institucional como que no había financiamiento. Entonces cambiamos el enfoque para concentrarnos en unos temas prioritarios que detonen zonas de crecimiento y desarrollo.
Ahora tenemos 11 programas que incluyen red de interconexión eléctrica, red de fibra óptica, carretera mesoamericana, entre otros.

Por ejemplo, ya se firmó el acuerdo de interconexión entre Panamá y Colombia, técnicamente complejo, por cierto, porque hay que pasar un cable por el mar. De lado nuestro, la interconexión México y Guatemala ya está funcionando.

¿Qué tanto ha servido la cooperación antinarcóticos entre México y Colombia?

Es verdaderamente ejemplar. Los dos gobiernos reconocemos que se trata de una cooperación indispensable por la naturaleza trasnacional y global del fenómeno. Tenemos mucho interés en conocer las experiencias colombianas y, a su vez, los colombianos están reconociendo que están aprendiendo de las experiencias recientes de las autoridades mexicanas.

En el gobierno mexicano hubo molestia por la expresión 'colombianización de México', que se acuñó en varios sectores.

Definitivamente, un enfoque de hacer comparaciones que no aportan nada a la solución no es adecuado. Debemos poner énfasis en reconocer el valor de las actividades y esfuerzos que cada país realiza, y sobre todo cuando se percibe que hay cierta intención negativa detrás de algunas calificaciones. Déjeme decirle que el gobierno mexicano no pretende juzgar la efectividad o la pertinencia de políticas públicas de otros países, y en el caso de los esfuerzos de Colombia no tenemos más que reconocimiento y agradecimiento por lo que nos han aportado en capacitación e intercambio de experiencias.

Hay características distintas en los fenómenos que enfrentamos, aunque en ambos casos se trate de narcotráfico. Nunca las comparaciones han sido buenas.

El presidente Felipe Calderón le declaró la guerra frontal al narcotráfico, pero a diario el país se estremece con una nueva masacre.

Desde el inicio de la administración, el presidente Calderón expresó que esta lucha sería larga, tendría altos costos financieros y, desgraciadamente, un alto costo en vidas humanas. Eso se ha venido comprobando. Debilitar las estructuras del narcotráfico y la captura de algunos de sus más importantes cabecillas es un logro muy grande.

De una lista de 37 grandes criminales que teníamos hace dos años, 20 de ellos han sido detenidos o muertos en enfrentamientos con nuestras fuerzas de seguridad. Esto es un avance verdaderamente muy grande en un plazo muy corto.

La cifra de crímenes es muy elevada, pero no es la más elevada de América Latina, está muy lejos de eso. Con esto no quiero minimizar la importancia ni el impacto de la violencia. Pero estos actos tienen el propósito de disuadir al Estado para que no siga su acción, que el Estado diga 'yo mejor acá no le sigo, porque estos cuates tienen gran poder'. Pero esto es algo que no va a ocurrir.

Influyentes voces en Latinoamérica hablan de que la forma tradicional de enfrentar al narcotrtáfico no funciona. Incluso hablan de legalización o despenalización.

En el caso de México, la estrategia contra el narcotráfico está complementada con políticas sociales de las más exitosas que ha tenido el Gobierno en muchos años. Programas de apoyo a las comunidades más pobres han crecido de manera notable; programas destinados a la creación de empleo, en fin. Pero esta parte no es tan visible.

El presidente Calderón ha abierto un debate nacional sobre lo que usted habla, convocó a unos diálogos nacionales por la seguridad porque es muy facil descalificar las iniciativas que se ejecutan.

La conclusión es que no hay duda de que lo que se requiere es fortalecer las intituciones del Estado, el estado de derecho, la capacidad para enfrentar estos fenómenos de criminalidad, y, simultáneamente, por supuesto, seguir trabajando en toda la agenda de desarrollo social y económico para brindar oportunidades a los ciudadanos.

Colombia hace años está casi que implorando por un TLC con EE. UU. México hace mucho lo tiene.

El TLC ha sido un instrumento muy importante para transformar la economía mexicana. Somos una de las economías con mayor numero de TLC con el mundo. El peso de nuestro comercio exterior en nuestra economía es el más grande de América Latina. Eso ha creado múltiples empleos vinculados al sector exportador con niveles de remuneración más altos.

Al principio, el temor era que terminara desmantelada la planta productiva del país, y lo que ha sucedido es al revés. México es ahora uno de los principales países manufactureros. Ahora tenemos el gran reto de la diversificación de nuestros socios comerciales.

¿Y los puntos malos?

Hay que verlo por sectores. En mi opinión, por ejemplo, realmente un punto malo sería el hecho de que apenas acabamos de alcanzar un acuerdo con EE. UU. en materia de transporte de carga entre los dos países. Comprendemos que hay ciertos sindicatos que ven afectados sus intereses internos.

¿Qué expectativa hay sobre el TLC con Colombia?

Nos presenta enormes oportunidades. Hay que tomar en cuenta no sólo los flujos comerciales sino los de inversión. Si miramos sólo lo comercial, pues vemos desequilibrio a favor de México. Pero si vemos lo otro, hay que decir que hay inversiones mexicanas en Colombia por 6.500 millones de dólares contra 100 millones de dólares de colombianos en México.

En el mundo globalizado no es conveniente hacer una comparación tan tajante. En México tenemos déficit comerciales enormes con algunos países. En muchos casos, son insumos que importamos para ser incluidos en productos que después son reexportados.

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