Los cuerpos de la familia Castellanos, padre, madre e hijo, fueron encontrados calcinados.
Este miércoles, a las 4 de la tarde, en extrañas circunstancias, la Policía encontró los cuerpos sin vida de los tres integrantes de una familia que habitaba una casa del barrio Güicaní, norte de Bogotá.
Las víctimas fueron identificadas como Ana Cecilia Caro Rubiano, de 21 años, su esposo, Javier Castellanos, de 27 y su hijo Ángel Esteban Castellanos, de 5.
Los tres cadáveres fueron hallados en el primer piso de una casa esquinera de color rojo, de cuatro niveles, ubicada en la calle 183 con carrera 55D, en el cuarto donde dormía la pareja de esposos.
Según la Policía de Suba, la mamá quedó abrazando a su hijo y el padre estaba a un lado, tirado en el piso.
Hasta altas horas de la noche de este miércoles, las autoridades manejaban varias hipótesis sobre las circunstancias en las que se dio la muerte de los Castellanos.
Inicialmente, se dijo que se trató de una explosión de una pipeta de gas. Sin embargo, Mauricio Toro, director del Cuerpo Oficial de Bomberos de Bogotá, descartó esa posibilidad, pues explicó "que fue una combustión generada por un incendio".
La versión que más fuerza cobró entre el Centro Regulador de Urgencias (Crue), de la Secretaría Distrital de Salud y la Policía Metropolitana fue la de un caso de suicidio colectivo.
"No escuché un estallido fuerte, pero si vi salir mucho humo negro debajo de la puerta de la casa", contó Laura Rojas, una estudiante que regresaba de su colegio y que vive en el barrio Güicaní, un sector de estrato tres de la localidad de Suba.
Ana Cecilia Caro era empleada de un local del Centro Comercial Santa Fe, mientras que su esposo, Javier Castellanos, hacía reparaciones locativas en el vecindario y, de vez en cuando, despachaba domicilios en una bicicleta de su propiedad.
Wílmer Corredor, amigo de Javier, contó que siempre los había visto como una familia muy unida. "Yo jugaba maquinitas con Javier, y recuerdo que él llevaba a su esposa al trabajo en la bicicleta", añadió Corredor.
El dueño de la casa donde sucedieron las muertes, Saúl Lara Fuentes, confirmó que los Castellanos Caro vivían en el primer piso de la residencia desde hacía tres meses y que les había alquilado el lugar pues los consideró "gente tranquila".
Residentes del barrio señalaron que se les había hecho raro que este miércoles la pareja hubiera recogido a su hijo del jardín a las 2 de la tarde y no a las 5, como acostumbraban hacerlo todos los días.
La abuela del niño fallecido llegó al lugar y recibió atención psicológica por parte de la Secretaría de Salud. El caso está en manos de la Sijín de la Policía, que trata de esclarecer lo ocurrido.






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