Fue pandillero y atracador, hasta cuando fue sentenciado a 18 años de cárcel. Luego, se superó.
En vez de calzarse los guantes, Bernard Hopkins empleó cuchillos, cadenas y pistolas para librar sus primeros combates en las violentas calles de su natal Filadelfia (Estados Unidos). Sus oponentes eran pandilleros armados tanto o más que él, y hasta la misma Policía.
Desde los 13 años era atracador a mano armada de todo aquel que se atravesara en su camino para sonreír con el botín. Pero también lloró y lo visitó la muerte: a su hermano Mike lo asesinaron a tiros y él mismo fue apuñalado en dos ocasiones, una de las cuales casi le cuesta la vida.
Pero las experiencias en las calles, aun con dolor y sangre, no hicieron cambiar en nada a este hombre, que el pasado sábado se convirtió en el boxeador más viejo de la historia que gana un campeonato mundial, al derrotar al haitiano-canadiense Jean Pascal, en Montreal (Canadá).
La cárcel lo cambió
Hopkins nació en un hogar pobre y sin oportunidades, lo cual le facilitó entrar al mundo delincuencial. Primero, en pandillas del barrio. Y luego, incluso, trasladándose cerca del bello centro histórico de Filadelfia para atracar, preferiblemente, a turistas que salían del metro. Fue arrestado varias veces, pero al poco tiempo estaba en la calle, cometiendo fechorías con total agresividad.
Hasta 1983, cuando fue condenado a 18 años de prisión por robo a mano armada e intento de homicidio. Tenía 17 años cuando ingresó a la prisión Grateford State, en el estado de Pensilvania.
Tenía horario para todo, desde levantarse hasta acostarse. Unos guardias siempre armados imponían las condiciones. Los condenados simplemente debían cumplir, sin protestar. Pronto comprendió que necesitaba esa disciplina para su vida, y la adaptó.
Primero, con la mala alimentación, desechando las grasas e ingiriendo ensaladas y frutas. Luego, con el ejercicio y la mentalidad abierta. Empezó a practicar boxeo con resultados favorables, pues en tres ocasiones se tituló campeón peso mediano de las prisiones de Pensilvania. Por buena conducta, pagó apenas cinco años y salió de Grateford State en 1988.
"No bebo, no fumo, no me acuesto tarde en las noches, no voy a bares ni a clubes. Lo más fácil es que no fue una inquietud para mí una vez que regresé a casa de la penitenciaría Grateford State...
Tomé esa mentalidad militar de que estás bajo un reloj y te dicen: 'no puedes hacer esto, no puedes hacer lo otro' ", declaró Hopkins recientemente en entrevista con ESPN.
Esa disciplina no se queda en palabras. El promotor colombiano Juan Carlos Devia, presidente de la empresa Probox del Caribe, se sorprendió en octubre del 2001 al verlo salir del hotel San Juan -donde permanecían alojados, en la capital puertorriqueña- todas las mañanas a trotar, a pesar de que, pocos días atrás, había noqueado en Nueva York al local Félix 'Tito' Trinidad (los boxeadores suelen tomar un descanso total después de sus combates).
Hombre de marcas
Pero, cuando salió de prisión y se convirtió al islam, Hopinks faltó a esa disciplina y cometió un error: subió a semipesado y en su debut profesional, el 11 de octubre de 1988, perdió por decisión ante Clinton Mitchell, en Atlantic City. Recapacitó e, inspirado en la férrea disciplina del ex campeón de la categoría Marvin Maravilloso Hagler, su ídolo, volvió 16 meses más tarde como mediano, bajo la dirección de la persona que más le enseñó de boxeo: Bouie Fisher.
En esa categoría ganó el campeonato mundial de la FIB, el 29 de abril de 1995, al noquear al ecuatoriano Segundo Mercado. Desde entonces, se bautizó 'El verdugo', subió al ring con una máscara que le cubría medio rostro y posaba para las cámaras con los brazos cruzados, en X. Mezcló técnica y rudeza y permaneció como mediano por 15 años. Alcanzó los cinturones del CMB, AMB y OMB (es el único en hacerlo desde cuando se establecieron cuatro entidades) e implantó una marca de 20 defensas para la división (pulverizó las 14 del argentino Carlos Monzón), al noquear a leyendas como Trinidad y Oscar de la Hoya.
Para promocionar sus combates, habla hasta por los codos. En Puerto Rico arrojó al suelo la bandera de ese país cuando iba a pelear con Trinidad, aunque después regresó a disculparse. Pero, por su boca, y dice que cuidando hasta el último centavo de su cuenta bancaria, tuvo más de un problema con apoderados, entrenadores y promotores. El polémico Don King dijo alguna vez que era una de esas personas que se gana la lotería, pero pierde el boleto.
Devia, que ha tratado con él, dice que es una persona sencilla y solo habla para promocionarse. "Siempre aconseja a los jóvenes peleadores sobre la disciplina que se debe tener". Tiene fama de tacaño, pero un corazón noble. A la familia de Steve Little, su amigo y ex campeón supermediano, le donó 100.000 dólares cuando este falleció por un cáncer de colon, en el 2000.
'Archie Moore' moderno
En los últimos años, Hopkins siempre habló de que la vida no se acaba a los 40. A esa edad, en el 2005, perdió el título y siguió combatiendo, en semipesado, empleando más técnica que fuerza.
Eso sí, exhibiendo su estado físico como si fuera un muchacho.
"Qué físico impresionante: ¡no tenía ni un gramo de grasa! Todo un atleta", manifestó una vez a este periodista el barranquillero Aníbal 'Suzuki' Miranda, su víctima en París, en la primera pelea de Hopkins fuera de EE. UU., el 21 de mayo de 1992.
El sábado pasado, 19 años después de aquella batalla con el colombiano, mostró su capacidad física en el cuadrilátero de Montreal y frente a la perplejidad del mundo al realizar varias flexiones antes de comenzar el séptimo asalto, mientras el campeón Jean Pascal, de 28, trataba de aprovechar cada segundo de descanso en el banco.
Media hora después, fue declarado ganador y se convirtió, a los 46 años, en el hombre de mayor edad en la historia coronado como campeón mundial de boxeo, con lo que derrumba el récord de 45 del peso pesado estadounidense George Foreman y sigue los pasos de Archie Moore, el temible noqueador que a los 47 años aún era campeón semipesado.
"Supo superar todas las adversidades y hacer historia en este deporte. Ganó todos sus grandes retos y a los mejores de diferentes décadas -aseguró a este diario, desde Miami, el promotor puertorriqueño Félix Zabala Rego-. Sobre el cuadrilátero es un fuera de serie".







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