César Gaviria habla de los aciertos y vacíos de la Constitución del 91

El ex presidente conversó con María Isabel Rueda y dice que no le interesa para nada una reelección.

La Comisión Global de Drogas, que usted integra, ha vuelto a insistir en un nuevo enfoque en esa lucha. Nuevamente EE. UU. la descalifica. ¿No es muy frustrante?
No he visto que la descalificación sea de plano. EE. UU., particularmente bajo la administración Obama, ha empezado a cambiar su lenguaje. Ya ha dicho el director de la oficina antidrogas que la expresión de guerra contra las drogas no sirve para conformar una política efectiva, y que la solución del problema está en reducir el consumo. Pero todavía no son sino cambios de lenguaje, no de política.
¿Usted y los ex presidentes Calderón y Zedillo están reclamando la legalización?
La legalización es una palabra equivocada que despierta ilimitados temores. Es tan simplista como el prohibicionismo. Lo que reclamamos es cambiar la definición del problema del consumo de drogas, desde el crimen hacia un problema de salud, porque la experiencia europea de distintos países ha sido muy positiva. Meter cinco años a la cárcel a un muchacho que por primera vez fumó marihuana y gastarse 450 mil dólares en su proceso judicial y en mantenerlo en la cárcel varios años comienza a parecer una política sin sentido: mala para la sociedad y mala para el ciudadano.
¿Es cierto que usted se opuso a la dosis personal, cuando la propuso el magistrado Carlos Gaviria?
Yo no compartí la decisión, pero hoy reconozco que fue la correcta. Lo que me pareció definitivamente equivocado fue su motivación. El magistrado Gaviria alegó el libre desarrollo de la personalidad. Volvió el consumo de drogas un derecho, una tesis libertaria que me parece equivocada. A la gente no se le puede dar el derecho de hacerse daño a sí misma y de hacerle un gran daño a la sociedad.
¡Lo he visto muy homenajeado en los 20 años de la Constitución del 91! Le hago una pregunta indiscreta: ¿Nunca temió que una constituyente omnipotente le revocara el mandato?
El fallo de la Corte que le quitó las limitaciones al acuerdo político representaba una oportunidad muy grande, pero al mismo tiempo traía riesgos. Particularmente se vio así cuando Álvaro Gómez habló de una Constituyente omnipotente. Pero eso tuvo una utilidad, y fue poder cambiar de Constitución.
Y revocar el Congreso....
La base jurídica del acuerdo de la Constituyente tenía una fuente política, que era el acuerdo de todos los partidos representados en el Congreso, y en ese acuerdo inicial figuraba no revocar ni el Congreso ni las autoridades elegidas popularmente. Si íbamos a abandonar las bases de ese acuerdo, había que hacerlo mediante otro acuerdo político, y eso fue lo que hicimos. Lo contrario le hubiera quitado legitimidad al proceso.
Visto hoy, ¿valió la pena esa revocatoria del Congreso?
Eso no es relevante. Siempre me ha parecido ingenuo, así lo piensen muchos, creer que una nueva elección cambiará a los representantes que la gente escogerá. Ahora, introdujimos el tarjetón en esas elecciones, eliminamos la inmunidad, acabamos con los auxilios parlamentarios, se estableció la circunscripción nacional para Senado. Fueron cambios importantes.
El presidente López se murió alegando que el Congreso revocado tenía más votos que la Constituyente convocada...
Las condiciones de ese momento eran tan excepcionales, que fueron las que permitieron convocar a esa Constituyente, cuya validez dependió del fallo de la Corte Suprema. Pero la gente va olvidando la magnitud de los desafíos que tenía Colombia en ese momento. Es verdad que no hubo una gran votación, porque no había mucha conciencia de lo que esa Constituyente iba a hacer, la mayoría nunca había oído esa palabra. Pero ninguna de las otras Constituciones había tenido origen en una elección popular. No fue producto de la imposición de un partido sobre el otro.
¿Acepta la tesis de que algunos aciertos de la Constitución del 91 requieren unos ajustes? Por ejemplo, el poder de la Corte Constitucional, que ha producido un choque de trenes institucional...
Es un problema que existe en todos los sistemas donde se crea lo que se llama un control concentrado de constitucionalidad. Hoy, el choque de trenes se reduce a muy pocos casos, porque las propias Cortes han encontrado mecanismos para mejorar el sistema. Ese mecanismo se puede refinar por medio de una ley que haga aún más exigente esa opción, incluida la posibilidad de que la propia Corte Suprema revise de nuevo los argumentos contra su sentencia.
¿No cree que a los jueces se les va la mano en lo que llaman la justicia nescafé o instantánea que permite la tutela?
Cuando se tiene justicia más expedita surge el riesgo de que sea menos justa. La tutela llenó ese anhelo de que haya pronta y cumplida justicia. El problema no está en que la tutela sea muy expedita, sino en que el resto de la justicia es muy lenta. Si uno quiere que la gente no abuse de la tutela, hay que abreviar los términos y los procedimientos del resto de la justicia. Esa sería la verdadera reforma de la justicia.
La Fiscalía: hay poca credibilidad sobre su eficacia...
El sistema penal colombiano es el que más ha avanzado en Latinoamérica como fruto de la Fiscalía. Colombia es el único país de Latinoamérica que procesa a sus gobernadores, alcaldes, parlamentarios, ministros. Aquí ya podemos decir que nadie está por encima de la ley. No veo muy claro qué ajuste necesita la Fiscalía, porque es muy eficaz, sobre todo si se aplica bien el principio de oportunidad y el sistema oral. Lo que requieren son recursos para operar.
¿Acepta que creaciones de la Constitución del 91, como la Comisión de Televisión, el Consejo Superior de la Judicatura y la Defensoría del Pueblo, fracasaron?
No estuvimos de acuerdo con la Comisión de Televisión. Acepto que eso no salió bien y que es mejor que sea el Gobierno el que asuma la responsabilidad de las decisiones. Es cierto también que el país no está satisfecho con la manera como ha funcionado el Consejo de la Judicatura, porque las decisiones colegiadas en administración no son una buena idea, por lo que eso merece un ajuste. La Defensoría es una buena institución, y no creo que esté de más.
¿Las funciones electorales de las Cortes no le han hecho mucho daño a la justicia colombiana?
Nadie quiere regresar a un Procurador o Contralor cuyo origen solo pueda ser presidencial. Además, con la inclusión de la reelección presidencial, no es bueno que los candidatos a los organismos de control vengan del Presidente, sino de varias fuentes nominadoras, una de ellas las Cortes.
¿Pero lo sucedido hace poco con la terna de Fiscal no fue un ejemplo de cómo se politizó la Corte Suprema?
Es que no se dice con claridad en la Constitución qué pasa si a la Corte no le parece adecuada la terna. Tal vez sea bueno normarlo. Pero fue fruto de una circunstancia muy precisa, y no creo que vaya a estar pasando todo el tiempo.
La prohibición de la reelección presidencial que se incluyó en la Constitución del 91 tenía nombre propio: el suyo...
Los constituyentes reconocen que me consultaron, y que yo los dejé en libertad porque yo no tenia tal intención. Prohibir la reelección inmediata fue muy útil, porque una de las buenas cosas que ha ocurrido desde el 90 y que ha hecho que el sistema político colombiano pueda avanzar, es la permanente renovación de su dirigencia política. Como resultado de eso, Colombia tiene varias buenas opciones en cualquier elección.
Ahora que la reelección está permitida, ¿consideraría esa posibilidad?
Alguna vez respondí que la posibilidad de mi reelección solo podía darse en un caso muy extremo, para resolver un problema muy preciso. Pero yo no he visto ese caso extremo y no lo veo por parte alguna. Por lo tanto, una reelección mía no me interesa y no creo que se deba dar.
Por su respuesta, infiero que está muy tranquilo con este gobierno...
Muy tranquilo. El presidente Santos es un buen presidente; ha hecho rectificaciones muy importantes, y no solo yo me siento cómodo, sino que el Partido Liberal también.
Llamó la atención que durante su homenaje usted dijera: "Yo acato a Pardo, pero mi jefe es Santos". ¿Es una sugerencia para que proceda a la reunificación del liberalismo?
Eso tendría que darse, tanto con Cambio Radical como con 'la U', de manera natural y no de manera forzada, ni por un exceso de intervención presidencial. Es conveniente y nos gustaría, pero no se puede decir que en este momento sea necesario ni prioritario.
Finalmente, lo más probable es que el representante Simón Gaviria sea el próximo presidente de la Cámara. ¿Qué consejo le daría?
No tengo muchos consejos para darle a Simón, sobre todo porque no me hace caso (risas). Siempre les he dicho a mis hijos que no tomen decisiones con rabia. Porque no hay nada que destruya más el buen juicio que hablar con rabia o tomar decisiones con rabia. Ojalá Simón se acuerde de este consejo.

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