El acuerdo con el país asiático ha generado una batalla en la industria automotriz.
¿Qué tienen en común Alberto Ortiz, responsable del control de calidad en una ensambladora de carros, y la experta en moda Pilar Castaño? Ambos terminaron convertidos en modelos publicitarios por cuenta del Tratado de Libre Comercio (TLC) que negocian Colombia y Corea del Sur.En grandes anuncios que han aparecido en medios impresos, la hija de Álvaro Castaño y doña Gloria Valencia dice que su familia "siempre ha tenido (carros) Hyundai" y que "el TLC con Corea permitirá que millones de colombianos también disfruten la mejor tecnología a un precio que se puede pagar".
Ortiz, en cambio, opina que "un TLC con Corea será perjudicial porque pone en riesgo los empleos de miles de jóvenes que, al igual que mis hijos, sueñan con formar parte de esta gran industria".
Obviamente, la pelea no es entre ellos dos. Esta nueva 'guerra de Corea' enfrenta básicamente a los ensambladores locales, agrupados en la Cámara de la Industria Automotriz de la Andi, y a los importadores de vehículos coreanos, con el gigante Hyundai a la cabeza.
Las radicales posiciones ya se conocían, pues se ventilaron en foros y en las mesas de trabajo de la negociación (van 14), que comenzó hace dos años. Lo que llama la atención es que partidarios y detractores del acuerdo comercial hayan decidido convertir sus diferencias en un contrapunteo propagandístico.
De acuerdo con un funcionario de la Cámara Colombo Coreana, ante un gobierno que no se deja presionar, las partes en conflicto recurrieron a la opinión pública. "El tema no es solo propaganda, sino una estrategia que le costó la cabeza al presidente de la Junta Directiva", agrega la fuente. Se refiere a Tulio Zuluaga, jefe de Asopartes y de la junta, que renunció el jueves porque, según dice, "la Cámara se la quieren tomar los importadores para responder a sus intereses".
Una batalla por el sí
Los importadores, que niegan estar detrás de una conspiración, dicen que están respondiendo a los avisos que pusieron primero los ensambladores y argumentan que, de concretarse el tratado, tendrían mejores condiciones para competir, pues se acabaría el arancel del 35 por ciento que hoy encarece sus productos.
Gustavo Lenis, presidente de Hyundai, califica de absurda la posición de los ensambladores. Sus avisos, agrega, son "populistas" y responden a intereses particulares. "Ellos no aceptan TLC con nadie, porque quieren seguir reinando en el mercado del país -afirma-. El consumidor tiene derecho a escoger el carro que le plazca, pero ellos han usado la publicidad para confundir".
Algo similar dice Oliverio García, presidente de la Asociación de Importadores Andemos: "Los ensambladores patalean posando de industria nacional, pero en realidad son multinacionales".
Camilo Llinás, presidente de la Asociación de Fabricantes de Autopartes (Acolfa), que ha pagado avisos en favor del no, responde que no se trata de proteger a nadie, pues "las multinacionales nunca pierden; los sacrificados siempre van a ser los empleados y los empleadores locales".
'Protegemos el empleo'
Según la industria automotriz local, el TLC con Corea pone en peligro cerca de 24.000 empleos directos, futuras inversiones y sus ventas, que el año pasado ascendieron a 103 mil vehículos nuevos, de un total de 253 mil.
No en vano, argumenta la Cámara de la Industria Automotriz, Brasil y México, que tienen industria, le han dicho no al TLC con Corea. "Saben que no pueden competir con el monstruo oriental", dice Juliana Rico, su presidenta. Otros que podrían verse afectados, según expertos, son los productores de electrodomésticos.
El Gobierno, en favor del sí, no entra al juego de los avisos y "prefiere pronunciarse con acciones transparentes". Santiago Pardo, hasta esta semana negociador del TLC (se va a Tokio, donde aceptó un cargo), dice que decidieron apostarle porque es bueno para la mayoría. "Tenemos que ver el panorama completo: hay un reto en la industria, pero grandes expectativas para la agricultura, la ganadería y los textiles", dice.
Sin embargo, si el tema se limita a los vehículos, que constituyen la mitad de todo lo que Colombia importa de Corea, la cuestión no es tan simple: ¿traer carros más baratos para el que pueda pagarlos o poner en riesgo una industria clave para el país? El dilema no es de poca monta.
El campo quiere TLC
El sector Agropecuario está por el 'sí', porque sabe que la mayoría de los alimentos que consume Corea son importados. Quiere exportar carne, lácteos, tabaco, frutas, hortalizas y preparaciones alimenticias. Rafael Mejía, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), dice que ellos apoyaron otros TLC que no eran tan buenos para el agro, y que "ahora, que llega el desquite, se nos quieren atravesar". José Félix Lafaurie, presidente de Fedegán, también le dijo sí al TLC







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