Chile, de país de referencia a nación en efervescencia

Hoy y mañana se realizará en Chile la manifestación pública número 5 mil 629 en lo que va corrido del 2011. Casi un millón 800 mil personas han participado este año en marchas y manifestaciones, según un informe estadístico de Carabineros. Las protestas se han concentrado en los últimos cinco meses y medio, período en el cual los estudiantes de educación media y superior han estado movilizados, ya sea ocupando sus establecimientos o asistiendo a desfiles callejeros.
El clima social en este otrora tranquilo país está convulsionado. Ha salido a la luz una inmensa cantidad de temas con los cuales los chilenos están profundamente descontentos. Por eso un analista local anota que la situación actual no es más que el reventón de una crisis larvada.
Las demandas estudiantiles, que se dieron a conocer en mayo, se resumían en el fin del sistema de administración municipal de los colegios de enseñanza media, la gratuidad de la educación universitaria estatal, la vigencia de los pases gratuitos de transporte público para los jóvenes y el termino de la ilegal práctica del lucro en los establecimientos educacionales.
La gratuidad en la educación superior costaría al erario entre 3 mil y 6 mil millones de dólares anuales. Según los líderes de la protesta estudiantil, dicho costo no pasaría de 1.800 millones.
El aporte actual de los estudiantes universitarios y de sus familias al costo de la educación universitaria alcanza, en promedio, 85 por ciento; sólo el 15 por ciento restante es provisto por el Estado. En los países de la OCDE el aporte fiscal se eleva al 70 por ciento.
Esta situación obliga a los aspirantes a un título profesional a endeudarse con el sistema bancario e iniciar su vida laboral con una pesada mochila a sus espaldas. El alto costo de estudiar está en la base de la desigualdad imperante en Chile, destacó hace poco el propio Fondo Monetario Internacional (FMI).
En aumento
A medida que han transcurrido las semanas y los meses, la crisis se ha ido acentuando y profundizando. Ya no son únicamente adolescentes o jóvenes los que participan en las marchas callejeras; también van sus padres, apoderados y muchos otros. El respaldo a los estudiantes se mantiene con tendencia al alza. Desde el 4 de agosto hasta la fecha se han registrado en el país varios 'cacerolazos' nocturnos, bulliciosa forma de protesta que se estrenó, primero contra la Unidad Popular (1970-1973), y más tarde contra la dictadura de Pinochet.
Las demandas se han ido multiplicando. Se divulgó, por ejemplo, un clima de profundo malestar entre los trabajadores de la salud y del transporte, que amenazan con paralizaciones para las próximas semanas. Instituciones como la Iglesia, el Congreso, los partidos políticos y el sistema financiero han caído en el descrédito.
El más perjudicado en este ambiente de desconfianza ha sido el presidente Piñera. Todas las encuestas reflejan una caída libre en su popularidad y un desapego y desconfianza de la gente en los partidos de todas las tendencias. "Hay un desplome de la clase política en su conjunto", explica el senador socialista Ricardo Lagos Weber, hijo del ex presidente. Según él, esto se debe a un sistema excluyente, heredado de la dictadura pinochetista (1973-1989) que se ha alejado de la gente.
Asimismo, diversos analistas afirman que el problema central en el país es la falta de credibilidad, tanto en el Presidente, como en el Gobierno y en demás instituciones.
El consultor en inversiones extranjeras y comentarista David Gallagher destaca que si bien el Gobierno de Piñera ha conseguido que crezca la economía y disminuya el desempleo, al tiempo que la inflación es baja, política y comunicacionalmente el jefe de Estado ha incurrido en todos los errores que se pueden cometer cuando falta experiencia. "El Gobierno perdió el control de la agenda", subraya. El tema es cómo hacerse creíble.
Al mismo tiempo, la vocera de los universitarios en huelga, Camila Vallejo, dijo en París, al hablar ante miles de manifestantes que participaban el sábado en la marcha de 'los Indignados', que lo que debe haber es "un cambio en el modelo de sociedad, que se contrapone a este modelo neoliberal, que desde hace mas de 30 años fracasa en Chile". Y este discurso, para nada improvisado, es el que se está tornando en el centro de las reivindicaciones que hoy movilizan a las calles a miles de chilenos.
De las demandas estudiantiles, estancadas por la ausencia de diálogo entre los jóvenes y el Gobierno, se ha evolucionado a una exigencia global en el terreno político, donde no parece haber límites.
Por eso muchos analistas manifiestan hoy su temor por el futuro. Nadie sabe con exactitud en qué van a desembocar las agotadoras manifestaciones públicas, acompañadas casi todas por minoritarios pero muy violentos actos de vandalismo y destrucción del mobiliario urbano y agresiones a vecinos.
Lagos Weber insiste, sin embargo, que Chile no vive hoy un estallido social; hay movilizaciones, muchas, pero no un reventón. Insiste en que hay un Presidente sin credibilidad y que "el sistema político obsoleto no da para más. Lo que viene es cómo nos hacemos cargo de las demandas ciudadanas".
Las encuestas, por ejemplo, señalan que el 80 por ciento de los chilenos no quiere lucro en la educación, pero no hay un porcentaje semejante de parlamentarios que piense lo mismo. O sea, hay una crisis de representatividad política delicada.
Entre tanto, se extiende la idea de que el Gobierno no ha sido capaz en los últimos cinco meses de hacer frente al conflicto estudiantil. La ruptura del diálogo, dificultosamente establecido entre los dirigentes huelguistas y el ministro de Educación, dejó en evidencia que no había propuestas claras ni focalizadas en las demandas. La creación de un comité de expertos para discutir la gratuidad y el lucro, iniciativa del Ministerio de Educación, fue rechazada por los jóvenes. "Es una mera pantalla para reafirmar el modelo", exclamó uno de los líderes de los estudiantes.
'No más engaños'
Patricia Arancibia Clavel, historiadora y comentarista, cree que la sociedad chilena actual es mucho más transparente "y no quiere que le sigan metiendo el dedo en la boca". Está cansada de la letra chica en todo. Las protestas son, por tanto, "una reprobación, primero, al sistema, y luego a los políticos, por su falta de representatividad".
Los problemas se vienen arrastrando, y en algunos casos profundizando, desde hace al menos treinta años. El más reciente Premio Nacional de Periodismo, Sergio Campos, anota que durante años se evitó hacer un gran debate al sistema económico y político instaurado por la dictadura, y ahora se necesita no solo reformarlo, sino "dar señales potentes para que la gente vuelva a creer".

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