Así se vivió 'Odiseo'

El capitán Wilson Javier Coronado Amézquita sobrevolaba a 10 metros del lugar donde las tropas se enfrentaban al enemigo. Del helicóptero UH 60 que él comandaba continuaban descendiendo los soldados por las sogas, hasta llegar a la zona empinada de Chirriadero, en Suárez (Cauca). Su pelotón era ‘Sulu’, como lo habían bautizado, y fue el tercero en entrar en acción, pasadas las 8:30 de la mañana del viernes 4 de noviembre.
Una ametralladora punto 50 les hacía daño desde algún punto del lugar de combate. Siete de las aeronaves habían sido impactadas. La tensión del piloto al mando era inminente. Once tiros de esa ametralladora había recibido una aeronave amiga. Luego de tres horas de combate llega el refuerzo de los cazadores y los helicópteros pueden desembarcar 969 hombres en la zona montañosa.
Cinco días antes de la ‘Operación Odiseo’, el capitán Coronado se encontraba en Arauca desarrollando operaciones en el marco del proceso electoral. El 30 y el 31 de octubre, Coronado partió rumbo a Palmira (Valle) a cumplir una asignación más. “Ni a los comandantes ni a nadie de quienes teníamos que rendirle información de la posición de los helicópteros, les dijimos dónde estábamos. Nos dieron la orden de establecernos en Palmira y a partir de ese momento sólo un comandante reportaba la posición y lo que íbamos a hacer”, relata el capitán Coronado.
Todos sabían que era una nueva operación, pero nadie tenía idea de cuál era el objetivo. “Iniciamos el planeamiento, nos dieron tiempos y distancias aproximadas, y tropas que íbamos a insertar. Por la magnitud y por el tipo de aeronaves que estaban reuniendo, sabía que era una operación de alto valor para el Ejército, pero nunca me imaginé que fuera contra el máximo comandante de las Farc, Alfonso Cano”.
El comandante del pelotón
El capitán Wilson Javier Coronado es del municipio de Tuta (Boyacá). Lleva 13 años en el Ejército, 10 desarrollando operaciones de aviación y 3 sobrevolando helicópteros UH 60, con los que se ejecutó la ‘Operación Odiseo’. Hace apenas trece meses fue el suyo el segundo helicóptero en descender al campamento donde cayó abatido en la ‘Operación Sodoma’ Víctor Julio Suárez Rojas, el Mono Jojoy.
Posa con un camuflado verde enterizo y unas gafas de piloto, frente a uno de los helicópteros que penetraron los anillos de seguridad de Cano. “Ese es el mío”, señala una de las aeronaves. Dice que cada día hay nuevas operaciones para derrotar a las Farc y que de la del viernes pasado ni siquiera se enteró su familia. “Uno trata mejor de no comunicar la realidad, en todo momento estamos bien. Es nuestro trabajo”.
“Misión cumplida”
Tanto la ‘Operación Sodoma’ como la ‘Odiseo’ fueron de gran magnitud para el Ejército. Cuando comienza una de estas proporciones, dentro de las tropas todo es hermetismo. Sólo se reciben órdenes de los comandantes. Como dijo un alto oficial después de la caída de Cano, cada operación tiene una estrategia diferente, por eso esta fue ejecutada durante el día y no se parece ni a ‘Fénix’, ni a ‘Jaque’, y mucho menos a ‘Sodoma’.
El capitán Coronado, quien pilota la aeronave EJC 2149, conocía sobre maquetas el lugar al que se tenía que enfrentar. En la ‘Operación Sodoma’ fueron 600 hombres en el primer anillo de seguridad del Mono Jojoy y en el segundo, 900. Ahí quienes asumieron la dirección de las aeronaves únicamente fueron los pilotos al mando. ‘Odiseo’ se realizó de día, con mucha compartimentación de mapas y planes estratégicos. Se desvió la atención de los medios y al final, con rumbo conocido, 27 aeronaves en total penetraron la selva del Pacífico caucano.
A las 5 de la mañana despegaron de diferentes puntos de Cali, Palmira y Popayán. A las 8:10 de la mañana salieron de la zona de embarque, pero realmente, cuenta el capitán Coronado, “no sabíamos si el objetivo aún seguía ahí, o seguíamos con el curso de la operación de acuerdo con lo planeado para no perder lo que teníamos. Se desarrolló la operación y efectivamente teníamos enemigo, teníamos información de que el enemigo estaba ahí. Se hizo el bombardeo. Dejamos las tropas en los lugares acordados, pero llegaron las 4 de la tarde y no sabíamos si se había cumplido la misión”.
“A las 9 de la noche me llaman para extraer un personal y una carga. Cuando yo llego al área me doy cuenta de que la carga son dos cuerpos, dos sujetos y un personal del CTI de la Fiscalía. Ahí empezamos a decir que de pronto habíamos cumplido”. Sin embargo, la operación continuaba y mientras el capitán Coronado sobrevolaba el área, por el radio le informaban:
—Cobra 5: Está el Arpía en el punto, los está hostigando el enemigo.
“Cuando entramos por los cadáveres estaban en pleno enfrentamiento. Eran las 9 de la noche pasadas. En ese momento nos informan que efectivamente Alfonso Cano había muerto”. Las gafas, la billetera y la caja de dientes del jefe guerrillero habían sido la pista para seguirle el rastro. Cano no pudo escapar cuando desembarcaron las tropas del Ejército, como en otras ocasiones.
Después de esconderse en la manigua, Cano trató de burlar el cerco. “Alto”, le dijo un soldado. La reacción del jefe guerrillero fue correr. Tres impactos de bala lo dejaron tendido en la maleza. Treinta y tres años después de que se enrolara en las Farc y 42 meses desde que asumió la comandancia de la guerrilla, Cano había caído en una impecable operación militar.

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