Sin duda alguna, uno de los grandes triunfadores de las pasadas elecciones fue Sergio Fajardo. El ahora gobernador electo de Antioquia fue el candidato más votado en el país, lo que paradójicamente contrasta con la compleja situación que enfrenta su partido, el Verde, que apostó todo a la Alcaldía de Bogotá con Enrique Peñalosa y salió derrotado. En entrevista con El Espectador, Fajardo habla del panorama de la colectividad y de lo que considera “una cuenta de cobro” por la forma como fue manejada por sus directivos, y explica sus compromisos con los antioqueños.
Usted obtuvo más de 922.000 votos. Esto le garantiza independencia frente a las maquinarias políticas. ¿Va a convocar a los demás sectores?
En las urnas nosotros construimos una gran riqueza que es muy fácil de describir: se llama confianza ciudadana. Acá, en elecciones compraban votos y líderes, pero la confianza ciudadana es algo que se construye y esa es nuestra riqueza. Vamos a trabajar por una Antioquia legal, no se puede perder un peso y no hay contratos para nadie. Quien no esté de acuerdo, simplemente no va a trabajar con nosotros.
El respaldo electoral lo convierte en el principal líder de los verdes. ¿Cómo se ve en el Partido?
Yo me retiré de la dirección nacional porque no compartía la forma como dirigía el partido. En ese momento dije: acá en Antioquia vamos a liderar con el ejemplo. Hicimos la campaña y cumplimos. Del partido no me ha llamado nadie. Leo que están convocando a una cumbre en diciembre, invitando a las personas que salimos elegidas, pero allá las decisiones se toman votando y yo sé que toda votación la vamos a perder. Soy disidente; respeto lo que hacen, pero no comparto la forma como lo hacen.
Entonces no va a ir a la cumbre...
Voy a preparar un documento para entregárselo a la gente del partido, en particular a sus directivas. Yo, la verdad, a lo mejor estoy operado de la cadera y no puedo ir. Mañana, 10 de noviembre, cumplimos un año de haber entrado a los verdes. Antes de entrar escribí una serie de documentos explicando lo que íbamos a hacer y ahora tenemos que seguir formulando lo que puede y debe ser el partido.
¿Pero no cree que su papel sería clave para ‘desbogotanizar’ el partido?
Eso tendría que darse. Pero hay una dirección nacional que tomó unas decisiones y la lectura está ante los ojos de toda Colombia. El mundo no queda en la 66 con 7ª (sede del partido). Cuando hay incoherencias, eso se paga, y dolorosamente están pagando las que cometieron.
¿Cuál es el costo?
La respuesta está en las urnas. Peñalosa podría ser hoy el alcalde de Bogotá y no lo es. Esa es su responsabilidad. Yo respondo por Antioquia y acá nos fue muy bien: acá sudamos la camiseta, enfrentamos a una maquinaria poderosísima y que jugaba sucio. Llevo cuatro años con el mismo discurso: no soy ni uribista, ni antiuribista. El reto es qué somos capaces de hacer nosotros y así lo hemos hecho desde hace 12 años, cuando a mí no me saludaba nadie en Medellín.
Por su votación, ya hay quienes lo vuelven a ver como presidenciable, en 2014 o en 2018. ¿Le interesa?
Para nada. El reto es hacer la mejor gobernación de la historia. Si empiezo a mirar más allá del objetivo que construí, me caigo. Yo ya me caí de la bicicleta, me quebré la cadera y llevo un año y medio recuperándome.
¿Se siente cómodo para trabajar de forma articulada con el gobierno Santos?
Yo no tengo problemas con personas. Nosotros nos sentamos a trabajar y así lo vamos a hacer con el presidente Santos, con quien ya lo hicimos cuando fui alcalde de Medellín y él ministro de Defensa. Y nos fue muy bien.
¿Cuáles son los compromisos que asumió con los antioqueños?
Vamos a trabajar en la solución de las desigualdades sociales profundas que hay en Antioquia. El otro tema es la violencia y en tercer lugar la cultura de la ilegalidad. Nuestro modelo de desarrollo tiene un nombre, se llama ‘Antioquia, la más educada’. Ese es el gran programa de transformación social que tiene como eje la educación, la ciencia, la tecnología, la innovación, el emprendimiento y la cultura.






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