Cecilia Orozco Tascón.- ¿Cómo empezó la noche de la muerte de Luis Andrés Colmenares cuando ustedes salieron de rumba?
Laura Moreno Ramírez.- Fui a la casa de él como a las 9:30 p.m. con Gonzalo Gómez, su mejor amigo. Luego recogimos a la novia de Gonzalo y más tarde pasamos por otros compañeros. Cuando llegamos a la discoteca, todos se bajaron, pero Luis y yo nos quedamos porque él iba a sacar plata de un cajero automático…
C.O.T.- ¿Dónde queda la discoteca?
L.M.R.- En la 84 con carrera 13. Jessy Quintero (detenida en su domicilio), quien ya se encontraba adentro, bajó, nos dio las entradas y subimos.
C.O.T.- ¿Había algún motivo especial para reunirse en ese sitio?
L.M.R.- Aparte de que esa noche era Halloween, celebrábamos el cumpleaños de un amigo de Luis Andrés, que se llama Felipe Mojica.
C.O.T.- ¿A qué hora llegaron?
L.M.R.- Entre las 10:30 y 11 de la noche.
C.O.T.- ¿Cómo transcurrió la fiesta?
L.M.R.- Fue normal: una noche de jóvenes con licor y baile. Como a las 2:30 de la madrugada encendieron la luz, apagaron la música y la gente de seguridad nos pidió que saliéramos. Luis estaba inquieto. Caminaba para allá y para acá, y daba vueltas.
C.O.T.- ¿Había tomado mucho trago?
L.M.R.- Sí.
C.O.T.- ¿Y usted?
L.M.R.- No. Tomé un vaso con vodka y ni uno más.
C.O.T.- ¿Además de alcohol, él había ingerido alguna otra sustancia?
L.M.R.- No, que yo sepa.
C.O.T.- ¿Qué sucedió cuando salieron de la discoteca?
L.M.R.- Luis se fue caminando. Jessy lo siguió y yo fui detrás de ellos. Cuando llegamos a la 85 con carrera 15, Luis compró un perro y mientras tanto hablaba por celular. Jessy recibió el perro y nos fuimos hacia el norte. Ellos estaban hablando y yo les daba la espalda porque estaba esperando que un empleado del servicio de estacionamiento me trajera el carro. De repente él salió a correr y yo lo seguí, también corriendo. Entramos por la carrera 16, al lado del parque. Llamé a Jessy para que fuera a buscarnos. Después él volvió a correr y lo alcancé de nuevo. Llamé otra vez a Jessy y le dije que ya lo había alcanzado. Ella me preguntó dónde estaba. Le respondí: “Estoy en un parque”. “Pero, ¿dónde?”, me volvió a decir Jessy. “Cerca de Ecopetrol”, le contesté.
C.O.T.- ¿Cuándo perdió de vista a Luis Andrés?
L.M.R.- Nos paramos en la ciclorruta y hablamos un momento. En la carrera, a Luis se le había caído el reloj. Él paró y lo recogió. Me preguntó: “¿Sabes por qué paré a recoger el reloj?”. Me contó que era un regalo muy importante que le había dado su papá. “Para mí esto es muy preciado”. Le respondí que lo guardara. Yo lo tenía abrazado por el cuello para que no siguiera corriendo. Me pidió que lo soltara y me dijo que quería estar solo.
C.O.T.- ¿Lo soltó?
L.M.R- Sí, porque me insistió en que lo dejara tranquilo. Le respondí que lo soltaba si me prometía que se quedaba quieto mientras llegaba el carro. Lo abracé otra vez, pero apenas pudo se soltó y corrió en dirección al caño. La imagen que tengo de él es la de sus pies volando por el aire. Es lo último que supe de él.
C.O.T.- ¿Cuánto tiempo calcula que estuvo sola, esperando a que llegaran sus amigos después de que desapareció Luis?
L.M.R.- Unos 15 minutos.
C.O.T.- ¿No sintió ningún ruido, nada después de que él cayó?
L.M.R.- No escuché nada.
C.O.T.- ¿No fue hacia donde lo vio por última vez?
L.M.R.- Lo que hice fue llamar a Jessy: “¡se cayó!, le dije”. Mientras tanto me iba acercando al caño y ella me preguntaba qué había pasado. Intenté iluminar el sitio con la lucecita del BlackBerry. Pero no se veía nada. Me iba a meter al caño, pero Jessy me pidió que los esperara y dijo que ya estaban muy cerca. Cuando llegaron, fuimos de nuevo a revisar.
C.O.T.- ¿Qué hicieron entonces?
L.M.R.- Tratamos de ver hacia abajo del caño con las luces de los celulares. Recorrimos las calles buscándolo por si había salido. Gritábamos llamándolo hasta cuando decidimos ir al CAI donde pedimos ayuda. La respuesta de los policías fue que “fijo él ya se fue”. Sin embargo, fueron con dos motos. Dieron vueltas alrededor del caño y se retiraron.
C.O.T.- ¿Cuándo le avisaron a la familia de Colmenares lo que estaba sucediendo?
L.M.R.- Después de un rato. Ellos llegaron a la madrugada. Recorrieron las calles y fueron a un restaurante que le gustaba a Luis. Entre tanto, nosotros regresamos al CAI. Uno de los policías me dijo que deberíamos bajar al caño. Me puse a pensar que si no bajábamos no lo podríamos auxiliar. Con ayuda de Mateo, otro amigo, descendí hasta donde pude, pero estaba muy liso y había mucha corriente. No me pude mover. No vi ni oí nada. Cuando subí, fui hacia donde estaban los demás. Les conté lo que había hecho y me acuerdo que Jessy me hizo escándalo.
C.O.T.- ¿Por qué?
L.M.R.- Me decía algo así como “asquerosa, ¿cómo se te ocurrió meterte ahí? Hueles hediondo. Quítate esas medias. Es horrible el olor que tienes”. Al rato llegaron los Bomberos que la Policía había llamado.
C.O.T.- ¿Qué hicieron ellos?
L.M.R.- Una bombero se descolgó mientras otros caminaban revisando por el pasto desde la carrera 11 hasta la 15. Tampoco encontraron nada. Recuerdo sus palabras: “Eso no es nada. Está borracho. Ya debió haberse ido. Váyanse ustedes también para sus casas”. Esperamos a que llegara la mamá antes de irnos.
C.O.T.- ¿Usted habló con ella?
L.M.R.- Sí, hablé con ella y con un tío de Luis. Les conté lo que sucedió. Llegué a mi casa a las 6 y media de la mañana. Me bañé y dormí un rato. Hacia las 11 llamé a un amigo que se llama Juan Pablo Valderrama. Le conté lo que había sucedido y le pedí que me acompañara a regresar al parque. Hacia el mediodía volví al CAI; dejé mi nombre, número telefónico y dirección de mi casa. Después a alguien se le ocurrió hacer afiches con la foto de Luis. Lo hicimos en una papelería cercana. Repartimos los volantes, pero nadie daba razón.
C.O.T.- ¿En el momento del hallazgo del cadáver usted estaba en el parque o ya se había ido?
L.M.R.- Estaba ahí. Estábamos pegando afiches cuando la mamá de Luis me mandó llamar. Cuando llegué, había dos bomberos buscando otra vez dentro del caño. De pronto uno de ellos salió y dijo que necesitan un supervisor. Uno de ellos preguntó si lo habían encontrado. Él respondió que había una persona con características similares. Tenía la esperanza de que estuviera vivo. Pero alguien dijo que tenían que esperar a Medicina Legal. Creo que entré en estado de conmoción porque sabía que si llamaban a los legistas era porque había que hacer un levantamiento. Me desmayé.
C.O.T.- ¿Asistió a la ceremonia de velación y sepultura?
L.M.R.- Sí. Lo acompañé todo el tiempo. Al principio no entregaron el cuerpo, pero la mamá de Luis nos pidió que entre tanto fuéramos a su casa, que allá estaba reunida toda la familia. Me dio un poco de miedo ir.
C.O.T.- ¿Por qué?
L.M.R.- Porque el tío de Luis me había amenazado, de cierta manera, en el momento en que encontraron el cuerpo.
C.O.T.- ¿Cómo la amenazó?
L.M.R.- Hablándoles a todos los amigos de Luis que estábamos con él esa noche, pero mirándome directamente a mí, él dijo que iba a mover todo lo que estuviera a su alcance para que fuéramos a la cárcel porque era nuestra culpa que él estuviera muerto. Según él, deberíamos haberlo cuidado. Él repitió que haría todo para vengar su muerte. Eso lo dijo mirándome siempre.
C.O.T.- Pero, ¿fue a la casa de Luis?
L.M.R.- Sí, de todas maneras fui. Estuve en la velación y me quedé al lado del ataúd todo el tiempo hasta cuando se lo llevaron para Villanueva. Nunca me volvieron a llamar. Sólo en una ocasión, la mamá de Luis me mandó a decir que le diera una entrevista a un abogado. Hablé con el mío y le consulté. Su consejo fue que lo que tuviera que decir, debía declararlo en la Fiscalía y no afuera.
C.O.T.- Me va a disculpar, pero le voy a hacer preguntas personales relevantes para esta entrevista: en el momento de la muerte de Luis Andrés, ¿usted tenía una relación especial con él?
L.M.R.- Estábamos saliendo. Él me estaba ‘cayendo’, ‘me estaba echando los perros’. Hasta ahí había una relación.
C.O.T.- En ese momento, ¿usted tenía otra relación amorosa?
L.M.R.- No.
C.O.T.- ¿La había tenido antes?
L.M.R.- Sí. Con Carlos Cárdenas.
C.O.T.- Cárdenas ha sido precisamente llamado a declarar e incluso la madre de él y una amiga abogada resultaron involucradas, porque el fiscal creyó que estaban tratando de manipular el caso. ¿Cárdenas estaba en la discoteca donde ustedes se encontraban esa noche?
L.M.R.- No.
C.O.T.- Aunque no estuviera en el mismo sitio, ¿vio a Cárdenas esa noche?
L.M.R.- Sí. Yo estaba haciendo fila para entrar a la discoteca cuando Luis Andrés lo vio. Me dijo: “Mira quién va pasando”. Volteé y le pregunté quién era —porque tengo la visión un poco corta—. Luis me contestó: “Es Carlos”. Iba pasando la calle con una muchacha que se llama Marta Romero.
C.O.T.- ¿Cuánto hacía que Cárdenas y usted habían interrumpido su relación?
L.M.R.- Unos dos meses.
C.O.T.- ¿Habían terminado su relación por decisión de quién?
L.M.R.- Fue una decisión compartida. Nos empezamos a cansar y algún día se lo comenté. Él estuvo de acuerdo.
C.O.T.- Pero un tiempo después de la muerte de Luis Andrés, ¿usted volvió a reiniciar su relación con Cárdenas?
L.M.R.- Sí. Empezamos a ser de nuevo buenos amigos por un tiempo. Después volvimos a retomar la relación.
C.O.T.- ¿Hablaron alguna vez de la muerte de Luis?
L.M.R.- No, ni con él ni con nadie. Yo intentaba no hablar de eso porque cada vez que lo mencionaba (llanto) o cada vez que tenía que ir a la Fiscalía a que me recordaran lo que pasó, era muy doloroso.
C.O.T.- ¿Su relación con Carlos Cárdenas continúa o terminó después de que la detuvieron aquí en su domicilio?
L.M.R.- No lo sé, porque desde el día de mi captura no volví a tener contacto con él.
C.O.T.- La madre de Cárdenas estuvo a punto de ser detenida por decisión del fiscal. ¿Terminará enfrentada usted a su novio por este proceso?
L.M.R.- Tampoco lo sé. Como le dije, ignoro si en este momento hay algo entre nosotros, pero tengo cosas más importantes por resolver.
C.O.T.- La otra compañera de Luis aquella noche, Jessy Quintero, quien también está detenida, ¿es amiga suya?
L.M.R.- Era amiga de Luis, no mía. La conocí en un evento de la universidad y algunas veces me la encontré caminando con Luis y la saludé. Eso fue todo.
C.O.T.- Entonces, ¿por qué habló con ella vía celular varias veces después de la muerte de Luis?
L.M.R.- Esa noche estaba con nosotros y hablé con ella varias veces. Después la llamé una vez para preguntarle por un investigador de la familia Colmenares que me estaba acosando.
C.O.T.- ¿Cómo así que la estaba “acosando”?
L.M.R.- Él se hizo pasar por un funcionario de la Fiscalía. Me llamaba y me decía que tenía que darle una entrevista. Me pareció rara la insistencia y que la llamada no fuera respetuosa, sino acosadora. Hablé con mi abogado y él me aconsejó que le dijera que yo le daba la declaración, pero que iba con mi defensor y que sólo declararía en la Fiscalía. Me puso una cita en el tercer piso, pero cuando le pregunté el número de la oficina, no me concretó nada. Al otro día fuimos, preguntamos por el nombre que me había dado y allá nos dijeron que ese investigador no era de la Fiscalía, que debía ser de la familia Colmenares.
C.O.T.- Y, ¿qué tenía que ver Jessy Quintero con la historia del falso investigador oficial?
L.M.R.- Llamé a Jessy para contarle que había un investigador que me estaba llamando y para preguntarle si a ella también la había contactado. Ella me dijo que sí, pero que a ella sí le había dicho que era contratado por la familia Colmenares. De resto, no he tenido más conversaciones con ella.
C.O.T.- Se ha sabido que el fiscal del caso tiene varias grabaciones de conversaciones entre su grupo de amigos, ¿recuerda cuáles llamadas ha hecho para hablar sobre Luis Andrés?
L.M.R.- En los medios hablan de una conversación mía con Juan Pablo Valderrama, el amigo con el que fui a mediodía a buscar de nuevo a Luis en El Virrey. Juan Pablo me llamó hace poco para contarme que lo citaron a la Fiscalía y que estaba muy asustado. Le contesté que por qué, que la última que vio lo que le pasó a Luis fui yo y que yo no tenía nada que ver. También le dije que Jessy era mi única testigo.
C.O.T.- ¿A qué se refiere cuando dice que “vio lo que pasó”?
L.M.R.- Que vi. Cuando Luis Andrés salió a correr. Y cuando dije que no tenía nada que ver, me refería a que no lo induje a tirarse al caño. Por el contrario, intenté detenerlo y no pude. Sería incapaz de hacerle daño a una persona que fue tan especial conmigo. Dije además que Jessy es mi única testigo, porque ella me estaba escuchando por celular cuando le decía en dónde estaba y qué estaba pasando.
C.O.T.- Exactamente, ¿cuántas veces habló con ella esa noche mientras se encontraron?
L.M.R.- En tres momentos: cuando le digo que estoy al frente de un edificio de Ecopetrol. Cuando le cuento que ya estoy con Luis y que no se preocupen. Y cuando le relato que corrió, se cayó y que no lo veo.
C.O.T.- En sus reflexiones internas, ¿se ha sentido responsable por acción, por omisión o por intentar protegerse a sí misma o a un tercero que hubiera tenido que ver con la muerte de Luis Andrés?
L.M.R.- No me he sentido responsable. Por el contrario, creo que hice lo que estaba en mis manos para ayudarlo: intenté meterme al caño, le avisé a la Policía, lo busqué todo el tiempo y siempre guardé la esperanza de encontrarlo vivo. Aún no comprendo qué fue lo que pasó. Esto ha sido muy duro y triste para mí.
Una vida joven perdida y otra en suspenso
Laura Milena Moreno tiene 21 años. Es estudiante de los Andes y llevaba la vida normal de una joven de su edad y condición social hasta cuando salió de rumba con Luis Andrés Colmenares, también andino, el 31 de octubre de 2010. En la madrugada del 1° de noviembre, Luis, en alto grado de ebriedad, corrió hacia el parque El Virrey, cruzado por un caño que conducía buen volumen de agua. Allí apareció muerto con seis heridas en la cara y una, la mortal, en el cráneo, 15 horas después. Un año más tarde, Laura, quien lo había seguido en su carrera hacia el parque, fue imputada por la Fiscalía como presunta responsable del crimen. Está detenida en su casa mientras la juzgan. Otra compañera de ambos, Jessy Quintero, también fue cobijada con detención domiciliaria por supuesta complicidad. Un exnovio de Laura, Carlos Cárdenas, fue llamado a declarar lo mismo que su madre y una abogada de ésta. Hay varias interceptaciones telefónicas que el fiscal interpretó como pruebas de la culpabilidad de las estudiantes, pero que al parecer no contienen nada esencial para el caso. Hoy, esta chica que tenía todo para ser feliz, ha quedado envuelta en un drama que paralizó sus ilusiones hasta cuando el misterio se resuelva, ojalá con absoluta equidad para las partes.
“Me muero de miedo de salir a la calle”
Cecilia Orozco.- ¿Hoy puede relatar con más tranquilidad lo que pasó esa noche?
Laura Moreno.- No, trato de no hacerlo. Cada vez que he tenido que volver a la Fiscalía para hablar de esta historia, siento que retrocedo.
C.O.- Mucha gente piensa que usted es culpable.
L.M.- Lo sé. Nunca me imaginé que la gente me acusara de tantas cosas (llanto). Nunca me imaginé que tuviera que vivir esto, simplemente por salir corriendo detrás de un amigo para que no le pasara nada.
C.O.- ¿Por qué lo siguió?
L.M.- Porque como estaba borracho me dio miedo de que pasara una calle sin fijarse o de que saliera un atracador y se aprovechara de él. También porque queríamos subirlo al carro e irnos.
C.O.- ¿Cree que la familia Colmenares quiere que la condenen?
L.M.- Aparte de un tío que me intimidó (ver entrevista), una prima de él escribió en Facebook que me iban a meter a la cárcel porque era culpable. En los foros de los periódicos aparecen muchas amenazas de muerte para mí y mi familia. No entiendo cómo pueden creer que le hice daño. El día que salga de aquí, no sé cómo voy a hacer, porque me muero de miedo de estar en la calle (llanto).







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