Llovieron promesas en la tierra del olvido

Ahora, las cerca de un millón de personas que han sido desplazadas de Urabá esperan que se hagan realidad las promesas del presidente Juan Manuel Santos y del gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo. Ambos aseguraron que esta región golpeada por los violentos se convertirá en un polo de prosperidad, gracias a los proyectos que cambiarían la historia de saqueos, crimen y narcotráfico.
Durante la Marcha por la tierra, la vida y la esperanza, el sábado en Necoclí (Antioquia), bajo un aplastante sol y luego de viajes que duraron hasta 18 horas, cerca de 30 mil personas —unas con optimismo y otras con duda— escucharon al primer mandatario afirmar que hará cumplir la Ley de Reparación de Víctimas y Restitución de Tierras “contra viento y marea”, y que allí va a haber “una verdadera revolución agraria”.
Fajardo ilusionó a más de un asistente al anunciar un amplio listado de proyectos. Expresó que si estaban allí por el dolor y la indignación, esta era a la vez la oportunidad para apostar por la transformación. Se comprometió a revisar todo el tema hospitalario, a ponerles el hombro a proyectos productivos y a llevar la Universidad de Antioquia.
Dijo que Urabá será una de las zonas más beneficiadas con el megaproyecto Autopistas de la Montaña, porque la conectará con el suroccidente colombiano y el centro del país y porque permitirá saber cuáles son los puertos que va a haber en la región. Y agregó que se podrá responder así “después de tantas promesas y años de olvido”.
Fajardo tiene razón en las promesas incumplidas y en el olvido. Entre los proyectos que había en Antioquia en la década de los 50, por ejemplo, estaba en hacer de Necoclí una gran ciudad con puerto. Hoy, pese a los buenos hoteles y restaurantes cerca del parque y de la playa, tiene sectores tan deprimidos, con calles polvorientas, que parece que tuviera un atraso de medio siglo.
Ana Cantero, una de las cerca de un millón de personas que han sido desplazadas de Urabá, tiene razón cuando dice que siente temor de que se desate otra ola violencia durante el proceso de restitución de tierras. El presidente Santos dice al respecto: “Sabemos que hay muchos enemigos. Los unos porque les estamos quitando sus argumentos políticos; los otros porque les estamos quitando las tierras mal habidas. Pero (…) olvídense que le van a poner un palo en la rueda”.
La solicitud de las víctimas
En la región también han escuchado antes el discurso de la paz y la convivencia. En 1996, uno de los años con más violencia brutal en Urabá, con 19 masacres, recordó Ana Teresa Bernal, alta consejera para los Derechos de las Víctimas, la Paz y la Reconciliación, del distrito de Bogotá, hubo en Apartadó una movilización, con presencia de artistas como Piero y Víctor Heredia, en la que la comunidad cantó al unísono: “Sólo le pido a Dios que lo injusto no me sea indiferente”. En los cinco años siguientes, de 1997 a 2001, hubo 32 masacres. Con este precedente le reclamó al Gobierno cumplir con las promesas.

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