Estudiosos peruanos intentan rescatar el uso del quechua,
el idioma del antiguo Perú que perdura además en otros cinco países de
Sudamérica, para salvarlo de la discriminación y del estigma de atraso
que lo marca a fuego en el imaginario popular.
Nacido en los Andes
en la época preincaca, esta lengua es el centro de una antigua polémica
entre expertos locales que advierten que el rechazo a su uso podría
encaminarlo a una eventual extinción, pese a que en Perú es uno de los
idiomas oficiales junto al castellano y otras lenguas nativas.
"Su reconocimiento como lengua oficial en la Constitución es
un mero simbolismo, un saludo a la bandera, porque las lenguas nativas
siguen humilladas y proscritas y se desprecia al quechuahablante", dijo
el lingüista Rodolfo Cerrón, un estudioso de esta lengua desde hace más
de 40 años.
"Estamos asistiendo a un proceso de supresión
idiomática desde la época colonial porque los distintos gobiernos nunca
han aceptado el carácter de este país como multilingüe y pluricultural", consideró.
Para
el investigador, existe un prejuicio enraizado según el cual para
muchas personas "oír hablar quechua llega a incomodar y avergonzar,
incluso a los que lo tienen como lengua materna, a tal punto que en las
zonas andinas la gente ya no la transmite a sus hijos porque creen que
está asociado a la pobreza en que viven", añadió Cerrón.
Unos ocho
millones de personas en América del Sur se comunican en quechua,
considerada la lengua indígena con más hablantes en toda América, con la
mayor parte de hablantes distribuidos en Perú (de 4 a 5
millones), Ecuador (2,2 millones) y Bolivia (1,7 millones).Grupos
menores habitan en el norte de Argentina (120.000 hablantes), en
Colombia (4.400) y Brasil (de 700 a 900 en la región sureña del Acre).
La abogada quechuahablante y presidenta de la Academia Mayor de la Lengua Quechua en Lima, Noemí Vizcardo, sostiene que las prácticas discriminatorias hacen que muchos peruanos "traten de huir de su propia identidad".
"Es
como si la devaluación de un ser humano se ha impuesto con un hierro
candente", afirma. Sin embargo, Vizcardo señaló que no cree que el
quechua vaya a desaparecer porque "mientras exista un corazón quechua o
un sector mínimo que lo hable es imposible que pueda extinguirse".
El folklorista andino Manuelcha Prado,
que dirige un centro cultural que difunde el quechua, atribuye la
discriminación a un "síndrome colonial" que se tiene que vencer a través
de una "cruzada nacional e internacional" para rescatar el idioma.
Para
Prado permitir que desaparezca el quechua sería como "dejar que
desaparezca la ciudadela incaica Machu Picchu", la mayor atracción
turística de Perú.
Prado, junto con Noemí Vizcardo, plantean como
medida práctica introducir vocablos quechuas en el lenguaje diario de
los peruanos, como "ari" (sí), "manan" (no), "allinllachu" (buenos
días), "paqarinkama" (hasta mañana) o "allin wata (feliz año). Por su
parte, en reemplazo del "okey" sugieren el uso de "allinmi".
La antropóloga Cecilia Rivera,
experta en lenguas nativas, considera sin embargo que el panorama no es
tan desalentador porque la visión prejuiciosa respecto al quechua en
los últimos años "está comenzando a cambiar".
"Por lo menos la
imagen negativa que rodea esa lengua está en crisis pues hay indicios en
los últimos años de una política que podría revertir la situación",
opinó.
Uno de los cambios en ese sentido es una ley que establece
la consulta previa, aprobada en 2011, y que abrió un registro de
intérpretes de los idiomas nativos con el objetivo de pedir la opinión
de las comunidades indígenas cuando se busque desarrollar proyectos de
extracción de recursos en sus territorios.
Junto a ello, algunos gobiernos regionales han dispuesto dar facilidades a la población quechuahablante en su propia lengua.
"Existe
un movimiento que intenta revalorizar al quechua y a los idiomas
nativos en general. Por eso hay un sector importante que enarbola
orgullosamente su idioma", aseveró Rivera.
Una investigación que
realizó esta antropóloga años atrás señaló que hay una "plantilla mental
que considera lo rural debajo de lo urbano, lo campesino debajo del
mundo moderno, lo indígena debajo de lo occidental y el quechua debajo
del castellano. Confundimos el idioma con un vergonzoso defecto o un
obstáculo para ser un ciudadano de verdad".
El lingüista Pablo Carreño, en un blog de la Universidad Católica de Perú,
propone expandir su uso más allá del ambiente familiar y rural y que
permita al hablante comunicarse libremente con la cultura del mundo:
"Sólo así tendrá un futuro y acaso un futuro brillante", señaló






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