Así se encuentra hoy el ex militar Édgar Villamizar Espinel, el testigo clave de la Fiscalía en los procesos por las desapariciones en el Palacio de Justicia que ahora asegura que fue suplantado y que las versiones que figuran a su nombre en ese emblemático expediente no son ciertas.
El pasado 6 de octubre, Villamizar debía declarar ante el Juez 55 de Bogotá, en el caso contra el coronel Edilberto Sánchez Rubiano, uno de los militares acusados por las desapariciones. Nunca llegó, y personas cercanas al testigo dicen que aunque no sabía de esa citación, tampoco quiere regresar a ninguna diligencia judicial.
Hace un mes, Villamizar abandonó el esquema de seguridad que le prestaba el Ministerio del Interior. Desde ese momento, el cabo (r.) simplemente desapareció del mapa.
El 1o. de agosto del 2007, Villamizar dio las declaraciones que terminaron decidiendo las condenas del coronel Alfonso Plazas Vega y el general Armando Arias Cabrales.
Aseguró que para la época, noviembre de 1985, estaba en la Séptima Brigada de Villavicencio, pero que fue enviado a Bogotá para apoyar las operaciones de la Brigada 13. Y agregó que presenció las torturas contra dos de los desaparecidos en el Cantón Norte.
Cuatro años después, en mayo pasado, Villamizar se presentó en la Procuraduría y negó haber dado esa declaración. "Mis apellidos son Villamizar Espinel y no Villarreal; soy de Cúcuta y no de Pamplona; la firma que aparece al final no es la mía (...) Tampoco es cierto que estuve en la Escuela de Caballería, la única vez que estuve allá fue en el año de 1982, cuando me enviaron del Batallón Vargas a adelantar un curso de contraguerrilla urbana", dijo.
Ahora, el Tribunal Superior de Bogotá, que debe ratificar o tumbar las dos condenas, debe decidir cuál historia creer. A su favor, los militares presos tienen la última versión del testigo y que, en efecto, su apellido inexplicablemente quedó mal consignado en la declaración.
Pero la Fiscalía tiene varias cartas para demostrar que el polémico suboficial sí dijo lo que dijo. Hasta 1989, Villamizar estuvo en el Ejército y, luego de permanecer casi dos años trabajando como conductor, logró ingresar al CTI de la Fiscalía.
Allá estuvo hasta abril del 2003. Por su experiencia en inteligencia fue encargado de realizar las pruebas de seguridad a los aspirantes a un cargo en ese organismo.
Años después, en medio de unos tragos con varios ex compañeros, confesó que tenía información importante sobre uno de los casos que más sonaban en ese momento, porque la Fiscalía había decidido reabrirlo: el de los desaparecidos del Palacio de Justicia.
Los investigadores que hablaron con él no descartan que el error en el apellido fuera intencional. Durante el proceso, llegó a diligencias perfectamente disfrazado como indigente y hasta como mujer. Todo, decía, para protegerse por el alcance de lo que sabía sobre los hechos de 1985.
Y es que este hombre que no llegó más allá de quinto grado siempre ha sido reconocido por sus dotes para el engaño y el camuflaje. Fue reclutado el 7 de enero de 1980 e inmediatamente recibió su primer curso de inteligencia, que marcaría el resto de su vida. Un año después, el antiguo mensajero ya era comandante de escuadra de inteligencia en el polémico Batallón Charry Solano. Las felicitaciones por su "muy buena iniciativa" le llovieron.
El hecho es que la hoja de vida de Villamizar concuerda con la versión que el testigo del 2007 dio en la Fiscalía. Ese militar dio además una pista desconocida que después los altos mandos tuvieron que admitir en el juicio: que unidades de fuera de Bogotá sí estuvieron en las operaciones del Palacio.







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