El proceso de Francisco Maturana al frente de la selección Colombia tuvo una pausa después de la exitosa Copa América de 1987,
la del 89 y la clasificación al Mundial de Italia 90, pero después de
haber vuelto al cargo en 1993 tenía el reto de la Copa América en
Ecuador y de la eliminatoria al Mundial de EE.UU. en 1994.
En
la Copa América se mostró un gran nivel y se demostró que la
institucionalización de la Selección no se veía ya afectada por la
renovación de ciertos miembros. Iguarán, el
sinónimo de gol al comenzar el proceso en 1987, era ahora reemplazado
por tres jóvenes estrellas: Faustino Asprilla, que era una gran figura
en Italia, Adolfo Valencia, que acababa de ser contratado por el mejor
equipo alemán (Bayern Múnich), e Iván René Valenciano, el máximo
goleador del fútbol colombiano y por el que el Atalanta de Italia
mostraba un claro interés.
René Higuita
se había ido por malos pasos, y su afecto por el mecenazgo de Pablo
Escobar con los pobres de Medellín lo había llevado a la cárcel al
intervenir ilegalmente en la liberación de un secuestrado, así que su
puesto era ocupado ahora por el joven Oscar Córdoba, el encargado de
hacer olvidar entre los hinchas del América la figura de Julio César
Falcioni.
Pero
salvo estos cambios, la base seguía siendo la misma de finales de los
80: Perea, Escobar (reemplazado por Alexis Mendoza por una lesión) y 'El
Chonto' Herrera defendiendo, y Leonel Alvarez, 'Barrabas' Gómez, 'El
Pibe' y Rincón, quien había reemplazado del todo a Redín, en el medio
campo.
Con ese equipo básico,
una nómina que ya tenía encima un Mundial, algo que ninguna generación
de futbolistas colombianos había podido decir en 28 años, la Selección
se fue a Ecuador a buscar fortuna. Lo que encontró fue la confirmación
de que la tricolor estaba para grandes cosas
La Copa América de 1993: empieza la rivalidad con Argentina
Colombia debutó frente a México, un rival que llegó
con lo mejor de su poderoso equipo para demostrarles a los
sudamericanos que por encima del ecuador teníamos rivales de peso.
Fue un gran partido, duro, de nivel, y Colombia se
impuso 2-1 gracias a los goles del 'Tren' Valencia y Víctor Aristizábal,
este último definitivo para romper el empate que había señalado Luis
Alves.
El apretado 1-1 frente a la muy buena Bolivia que
comandaba en el campo Marco Antonio 'El Diablo' Echeverry dejó a
Colombia en segunda ronda. Ese día Orlando 'El Pony' Maturana anotó el
penal del empate después de que el 10 boliviano pusiera arriba al equipo
que meses después lograría clasificar a su último Mundial.
El juego definitivo era contra Argentina, vigente
campeón y para la época una selección con un invicto que venía desde
1990. Era el equipo de Alfio Basile que trataba de anular a punta de
jóvenes figuras el fantasma de Diego Maradona, y a punta de victorias lo
estaba logrando.
Batistuta, Ruggeri, Redondo y Simeone comandaban a
una nómina muy poderosa. Si Colombia le apostaba a algo en esta Copa y
si esperaba volver a un Mundial en la próxima eliminatoria, este era el
partido para demostrar de qué estaba hecha nuestra Selección.
El partido se definió rápido. Simeone abrió el
marcador al minuto 2 y Rincón empató al 5. Lo que siguió de ahí en
adelante fue una batalla física de titanes en la que los colombianos le
demsotraron a los argentinos que ya no estaban como para que los
amedrentaran y los asustaran con la camiseta. Esta era otra Colombia, y
por eso es memorable la imagen de Rincón enfrentando frente a frente a
Simeone después de una larga serie de encontronazos con exceso de
fuerza.
Ya los albicelestes nos tenían entre ojos y nosotros a ellos.
Caminando entre gigantes
Lo cierto es que Colombia ganó el grupo para
sorpresa continental, y como líder avanzó a cuartos de final para
enfrentar a Uruguay, una gran selección llena de estrellas que actuaban
en Europa.
Marcelo Saralegui prácticamente nos tenía
eliminados con su gol al minuto 63, pero cuando faltaban dos minutos
para que finalizara el juego el gran 'Coroncoro' Perea igualó la serie y
obligó a que el semifinalista se definiera en los penales.
Vieja maldición colombiana, esta vez los cobradores
fueron impecables: Asprilla, Mendoza, Valderrama, Wilson Pérez y 'El
Tren', que despachó a los uruguayos después de que Eber Moas perdiera su
cobro frente a Córdoba.
Las semifinales de esa Copa América de 1993 fueron
curiosas: por un lado el local frente a México, que había eliminado a
Perú en octavos mientras los ecuatorianos hacían lo mismo con Paraguay;
por el otro Argentina, que había sufrido lo indecible para eliminar a
Brasil en los penales, y Colombia.
El Argentina-Colombia que se disputó en el Estadio
Monumental de Guayaquil fue un juego memorable, un enfrentamiento entre
dos equipos magníficos que empezaron a señalarse como rivales más allá
del campo. La cosa parecía personal y al final nadie se sacó ventaja:
0-0 y a los penales. Allí la tensión fue extrema pues, después de que
los cinco cobros fueran perfectamente ejecutados por cada selección, en
la muerte súbita Jorge Borrelli acertó y Víctor Aristizábal no.
La tercera posición en
el torneo fue merecida. El 1-0 sobre Ecuador con gol de Valencia volvía a
poner a Colom,bia entre los mejores del continente, aunque se pudo
llegar a la final de no ser por Argentina, al final campeón invicto.
La nueva geopolítica del balón y la eliminatoria
Los colombianos sabían
que Argentina y Brasil eran las potencias de la zona, y que, en su
imaginario, su Selección estaba peleando por imponerse en un nivel
inferior con el siempre difícil Paraguay y con un Uruguay al que era
posible vencer. Perú como rival ya no oponía
ninguna resistencia pues sólo era un equipo con historia y era
innegable, al menos para todos los colombianos, que la selección
Colombia era mejor que los demás, aún así Venezuela siempre le
complicara los partidos.
Con
todo este discurso aprendido de memoria por los colombianos, la
Selección llegó a agosto de 1993 a enfrentar en su grupo eliminatorio a
Perú, Paraguay y Argentina. Los argentinos
eran los claros favoritos pues no sólo eran los actuales bicampeones de
América y subcampeones mundiales, sino que empezaban la eliminatoria con
31 partidos sin perder.
La
sede de Colombia fue una vez más Barranquilla desde donde la
programadora Caracol T.V. montó todo el cubrimiento del evento, para lo
cual tenía a William Vinasco y Adolfo Pérez como voces oficiales del
recientemente inaugurado programa Gol Caracol.
De esta forma el país se preparaba para ver a su Selección sólo por Caracol y, preferiblemente, tomando cerveza Aguila. Nunca
un combinado de Colombia había sido tan mediático y había tenido tanta
repercusión en la publicidad. Definitivamente el mundo había cambiado.
Muestra
de eso es que ni siquiera un 7 de agosto y un 20 de julio juntos han
visto tantas banderas colombianas como el mes largo que duró la
eliminatoria de 1993. Todo el país estaba
convencido de que, al menos, como cuatro años atrás se conseguiría ir al
repechaje contra el ganador de Oceanía, e incluso algunos confiaban en
que se le podría ganar el grupo a Argentina.
La
historia comenzó con un negativo 0-0 en Barranquilla frente a Paraguay.
Una vez más el eterno 'coco' parecía dañar el camino a Colombia. El
8 de agosto, en Lima, el discurso de la histórica paternidad peruana
pasó a la historia con una victoria por 1-0 con gol de Freddy Rincón. Sin
embargo la situación no era favorable pues Argentina le había ganado
también a Perú en Lima y, además, ese mismo día había derrotado a
Paraguay en Defensores del Chaco, algo que resultaba muy difícil para
Colombia.
Pero
el partido que diría la verdad se daría el 15 de Agosto en Barranquilla
cuando Colombia enfrentara a Argentina. La Selección bicampeona del
mundo llegó a la capital del Atlántico con 33 fechas de invicta y el
favoritismo de toda la prensa internacional. Pero los colombianos querían repetir el partido de 1987 cuando la Selección le ganó a Argentina en Buenos Aires, con Maradona incluido, por 2-1.
La
alineación para este partido fue una polémica nacional. Asprilla no
venía jugando bien, Aristizábal era titular ante el rechazo de los
medios y las tribunas, y muchos columnistas de periódicos y revistas le
pedían a Maturana que dejara jugar al 'Tren' Valencia y a Valenciano
para así solucionar el problema de gol. En
una entrevista radial incluso se le pidió su opinión al respecto al
presidente César Gaviria, quien dijo respetar la opinión del técnico.
Ese
15 de agosto los colombianos se sintieron una potencia más del fútbol
mundial. La victoria por 2-1 sobre Argentina, con goles de Valencia y
Valenciano, no sólo acabó con un invicto de dos años y medio que tenía
esa Selección, sino que hizo sentir a los colombianos mejores de lo que
eran antes y dio motivos para que las banderas, acompañadas por la
harina y el licor, se tomaran las calles colombianas.
Esa positiva identidad
nacional se veía en el optimismo de la gente que, aunque enfrentaba el
terror de las bombas de Pablo Escobar, veía en su Selección la
posibilidad de borrar lo que los carteles le habían dejado de imagen. Esa
autoestima baja de los colombianos que producía la imagen del
narcoterrorismo en el exterior hizo que se buscaran referentes positivos
y simbólicos, y el referente inmediato era la selección Colombia.
El camino a la maldición del 5-0
Pero aún quedaban partidos y el 22 Colombia tuvo que jugar, una vez más, en Defensores del Chaco. El
empate 1-1 fue el mejor resultado posible en Asunción frente a un
equipo paraguayo que, como siempre, pegó duró y apretó de más. La
victoria por 4-0 sobre Perú en Barranquilla, la primera goleada sobre
nuestros vecinos en la historia, dejó a Colombia clasificada, al menos,
al partido contra Australia, ganadora de Oceanía.
La fiesta fue total y las banderas se volvieron a agitar por toda Colombia. Un
empate en el último partido en Argentina daría la clasificación directa
al Mundial y una derrota llevaría al equipo a conocer Australia pues
tenía una ventaja de un punto sobre sus próximos rivales.
El
5 de septiembre sería el partido definitivo. Días antes Carlos Vives
había puesto a bailar a toda Colombia con el lanzamiento de su disco
Clásicos de la Provincia. El país entero era una fiesta y ni siquiera
los comentarios que publicaba la prensa sobre el optimismo que tenía
Argentina le inquietaban.
Por
esos mismos días Diego Armando Maradona le dijo a la prensa de su país
que Argentina clasificaría porque Colombia no podía cambiar la historia,
y la historia decía que Argentina estaba arriba y Colombia estaba
abajo. Esas palabras se grabaron como huellas en hierro en la memoria de todos los colombianos.
Ese
5 de septiembre, con la esperanza de callarle la boca a Maradona, como
si fueran ellos los que jugaran ese día, millones de colombianos se
sentaron frente a sus televisores a comerse las uñas y ver el partido
por el Gol Caracol. Apenas saltaron a la
cancha, los jugadores criollos fueron abucheados por las 80.000 personas
que, incluyendo a Maradona y su mujer, estaban en las tribunas del
Estadio Monumental de Buenos Aires, el mismo en que cinco años atrás 'El
Pibe' y su corte le habían ganado por 2-1 a la entonces selección
campeona del mundo.
El partido empezó entre cánticos en la tribuna y nerviosismo frente a las pantallas en Colombia. Finalizando
el primer tiempo, y después de que Córdoba había atajado todo lo que le
tiraba Batistuta, Rincón anotó el primer gol. En Argentina nadie lo podía creer y en Colombia, después de celebrarlo, muchos se lo gritaron a través del televisor a Maradona.
Pero lo increíble vino en el segundo tiempo. Córdoba
siguió impidiendo goles argentinos y, de pronto, empezó el rosario de
anotaciones colombianas: Asprilla, Rincón, nuevamente Asprilla y
Valencia sellaron el 5-0 sobre Argentina y el día de más felicidad de la
historia colombiana.
Las
cámaras del Gol Caracol disfrutaban enfocando una y otra vez la
expresión de velorio de Maradona. William Vinasco no paraba de gritar,
al ritmo de salsa, que esa era una de las dos cosas que más le gustan
hacer en la vida, y los colombianos de a pie tarareamos la letra del
tema “¡Ay que orgullosos me siento de ser un buen colombiano!”, cuando
al finalizar el partido los 80.000 testigos de la goleada se paraban de
la tribuna a aplaudir y la pantalla mostraba especialmente el amargado
aplauso de uno de los mejores jugadores de la historia.
Ese
día todos nos sentimos más colombianos. Todos creímos que el mundo era
mejor. Todos nos sentimos parte de la más fantástica victoria que unos
héroes liderados por un capitán de rizos rubios habían obtenido en
Argentina.
Los miembros de la
Selección eran ídolos para todos y, una vez más, las editoriales de
todos los diarios hablaron de fútbol y de orgullo nacional, de gloria y
patriotismo... Incluso El Tiempo se refirió a los miembros del equipo
como "los pacificadores de la nación".
Así, de un momento a
otro y gracias a cinco goles que se le metieron en un fenomenal partido
de fútbol a la selección argentina, cuarenta años de guerrillas, veinte
de narcotráfico y muchos más de violencia permanente desaparecieron.
El
hecho de que once titulares, cinco suplentes y un cuerpo técnico fuera
el pacificador del país merecía una distinción y en la noche del 6 de
septiembre, al recibir al equipo en una multitudinaria celebración que
terminó en el estadio El Campín con el presidente Gaviria a la cabeza,
la Selección Colombia recibió de manos del primer mandatario la Cruz de
Boyacá, el máximo honor que entrega el Estado colombiano a sus héroes y
personajes más ilustres, y Francisco Maturana fue honrado con la Orden
de Boyacá así como todos los jugadores lo fueron con la Orden al Mérito.
De
esta forma la selección Colombia quedó para la posteridad en el mismo
nivel patriótico y nacionalista del ejército libertador pues, como lo
planteó el presidente en su discurso, la Selección había liberado al
país de los violentos como Bolívar había liberado al país de la
opresión: “Hoy más que nunca estoy convencido que tenemos las bases
suficientes para mirar con orgullo nuestro presente y nuestro porvenir. Y
lo digo con la seguridad que me embarga: ya no hay vuelta de hoja, no
hay paso atrás, no hay camino de reversa. Atrás quedan los pesimistas.
Atrás quedan los violentos. Atrás quedan los perseverantes pregoneros
del desastre.La magia del fútbol surgió de manera asombrosa y reina sobre Colombia”.
Lo
que no vieron ni el presidente, que estaba feliz abrazándose con 'El
Tino' Asprilla, ni la mayoría de colombianos que estuvieron de fiesta
todo ese día cívico, fue que “la magia del fútbol” despertó lo peor de
muchos compatriotas y, en medio del licor y la harina, 82 personas
murieron y otras 725 resultaron heridas en actos relacionados con la
celebración.
Ni el presidente ni el director de El Tiempo volvieron a mencionar eso de la superación de “la violencia inusitada”.






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